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El problema de los senderos polifuncionales

Las sendas o senderos (picadas, como se les dice también en la Patagonia) que se habilitan o en la práctica son polifuncionales tienen varios inconvenientes desde el punto de vista de la seguridad y la ecología.

Un video que muestra cómo elegir ante una bifurcación de caminos, algo que también evita una mayor erosión.
Este video fue filmado en un sendero de la Patagonia Andina que también es usado para cabalgar, de ahí que se vea tan erosionado.

Cuando decimos "sendas polifuncionales" nos referimos a que pueden ser transitadas tanto por personas a pie, como por ciclistas, jinetes a caballo o incluso a veces vehículos a motor (sobre todo motos, el llamado "enduro").

Tanto el sentido común como la experiencia de muchos países en base a estudios científicos y de campo demuestran plenamente que habilitar un camino al aire libre para que lo utilicen al mismo tiempo personas, bicicletas y caballos es en principio algo perjudicial desde muchos puntos de vista.

Desde el punto de vista ecológico, este tipo de senderos causa una erosión mucho mayor que los senderos dedicados específicamente para una actividad en concreto (senderismo, ciclismo, cabalgatas, etc.).

Un caballo erosiona el terreno más que una bicicleta, y una bicicleta más que una persona. A su vez, ciertas modalidades de ciclismo como el ciclismo de descenso, causan una erosión todavía mayor que el tránsito equino. La erosión termina por causar verdaderos "canales" cuando el tránsito es elevado, por los que el agua erosiona todavía más y más profundamente los senderos hasta hacerlos impracticables.

Por otra parte, la altura despejada para un sendero que transite un bosque necesaria para que pueda utilizarlo alguien a caballo es mayor que la necesario para que transite una persona a pie o en bicicleta. Al mismo tiempo, si lo transitan distintos tipos de vehículos con "tracción a sangre" (bicicletas y caballos) el espacio deberá contemplar la posibilidad de poder adelantarse o dejar pasar sin tener que salir del sendero, porque si no lo hace, tarde o temprano el sendero se ampliará "por sí sólo" (porque la gente saldrá del camino en esos casos). Así, un sendero multifuncional tiene que ser necesariamente más grande desde su nacimiento, o sino lo será tarde o temprano.

Desde el punto de vista de la seguridad, un sendero polifuncioinal muy concurrido puede ser un verdadero peligro, además de transformar el senderismo, trekking, mountainbike o cabalgadas en una experiencia al aire libre no tan placentera al tener que ceder el paso o esperar que se lo cedan a uno: los ciclistas a los jinetes y a los senderistas, y los senderistas a los jinetes.

Los ciclistas de descenso, los jinetes y aquellos que no tienen claro cuándo y cómo debe disminuirse la velocidad si nos cruzamos con senderistas u otros vehículos, ya sea por ignorancia (falta de educación) o por no anticiparse a la posibilidad de cruzarse con alguien en el camino, causan atropellos con graves consecuencias.

Todos estos perjuicios pueden ser evitados si separan los senderos por actividad: para senderistas, para cabalgatas y para ciclistas de montaña. En países como Canadá esto es un hecho, y en otros de Europa donde esto no es así, se demuestra todos los perjuicios anteriormente citados.

Por supuesto, puede decirse que en países europeos muchas veces no sobra el espacio para hacer distintos senderos especializados, pero lo cierto es que, como mencionamos, a mediano o largo plazo este espacio se usa igual y peor (accidentes) debido a los problemas que trae un tránsito tan variopinto por un mismo camino. Pero incluso países con mucho más espacio, como Argentina, parecen desconocer estas razones, y optan por senderos polifuncionales.

Además, ante la tesitura de optar por un sendero de tránsito múltiple, y la no existencia del sendero (es decir, la prohibición del tránsito), debería optarse por la segunda. Sobre todo en lugares donde el primero objetivo debería ser la conservación de la naturaleza, como son las reservas naturales por las que suelen discurrir estas sendas.

Esperemos con estas líneas hacer recapacitar, en la medida de lo posible, a las administraciones públicas para que apuesten por caminos más respetuosos con el medio ambiente y la seguridad de los que lo recorren. Y al mismo tiempo concienciarnos a todo para respetar todo lo posible a aquellos que nos crucemos al aire libre.

Botas impermeables y transpirables: consejos

Las botas usadas en actividades al aire libre desde hace un tiempo se suelen ofertar con membranas impermeables y transpirables, tipo Gore-tex. Esto es sin duda un avance, pero para realmente sacarle provecho a este calzado hay que tener en cuenta algunas consideraciones.


Una bota congelada tras mojarse. Esto enseña que,
por muy impermeables que sean nuestras botas, en invierno es mejor mantenerse alejado del agua...
Estas membranas nos protegerán de salpicaduras ocasionales o de la lluvia, de mojarnos durante el cruce de arroyos o las travesías por nieve, todo esto en mayor o menor medida dependiendo, en principio, de la calidad de la bota en cuestión, de lo dura de las condiciones meteorológicas (incluyendo el nivel de humedad, que hará que nos traspire más o menos el pie, y este se moje "desde adentro") pero también de ciertas precauciones que tomemos de antemano nosotros, tanto antes de elegir la bota y comprarla, como antes de la actividad al aire libre que vayamos a realizar.

Antes de la compra algo a tener en cuenta es el alto de la bota. Si se trata de una bota de caña baja, media o alta. Esta forma de denominar la caña de la bota es algo relativa, ya que algunos llaman caña alta a botas que otros denominarían de caña media. Lo que está claro es que la altura de la caña va a ser el límite de agua o nieve que podremos transitar o vadear sin que las botas impermeables no sirvan de algo. Es decir, el agua o la nieve entraría por arriba de la bota (con algunas excepciones que explicaremos a continuación) si sobrepasa la altura de la caña de la bota, y por muy impermeable que sea esta, nos mojaremos los pies tarde o temprano.

Las tradicionales botas militares o borceguíes son un ejemplo de bota de caña alta, la cual llega aproximadamente a la mitad de la tibia. Las botas impermeables de lluvia o las botas para montar o andar a caballo, también, ya que llegan incluso por debajo de la rodilla, cubriendo toda la pierna. En cambio, las botas de trekking "impermeables" de caña baja, no nos darán mayor protección por sobre los tobillos. Las botas de montaña o las botas de expedición, deben ser por esta razón de caña media o alta.

Una travesía de senderismo, trekking o montañismo por la nieve, en la que hundamos nuestros pies por encima de la caña de la bota, puede no ser un problema si de antemano llevamos unas polainas impermeables o guetres. Esta indumentarias es el complemento perfecto de nuestras botas perlantes para travesías invernales, porque va a evitar, precisamente, que la nieve nos entre por encima de la bota, y al derretirse nos empape el pie por completo. Así vemos que una bota de caña baja debe ir acompañana siempre que sea posible por unas polainas, ya que estas, si son verdaderamente impermeables o de membrana, nos sacarán incluso del apuro de mojarnos demasiado al vadear un río o arroyo con nuestras botas de trekking.

Pero incluso las polainas tienen un límite de impermeabilización, ya que si llueve copiosamente y nuestros pantalones absorben el agua, esta chorreará por ellos y por debajo de las polainas hasta nuestros pies. En esos casos es útil el poseer a su vez de pantalones también de membrana perlante, o incluso totalmente impermeables, dependiendo del la actividad de que se trate (si se hace mucha actividad física y transpiramos, mejor los primeros).

Otro complemento ideal para nuestras botas impermeables serán unos calcetines o medias transpirables. Sobre el tamaño, grosor, confección y otras particularidades de los calcetines idóneos no hablaremos aquí, ya que hay infinitos gustos y matices a tener en cuenta dependiendo de la actividad que vayamos a realizar al aire libre con nuestro calzado. Pero solamente apuntar el hecho de que debemos probar y elegir los más cómodos posible, poniendo mucha importancia en su capacidad de "expeler" la humedad de nuestros pies hacia afuera, para que luego esta sea evacuada a su vez por la membrana de la bota.

Lo segundo a considerar, al comprar una bota impermeable, es la confección de la lengüeta. Las lengüetas de las botas impermeables deben, idealmente, estar totalmente unidas a los laterales de las botas, y llegar hasta la misma altura que llegue el final de la caña. Si la lengüeta no estuviera cocida o unida sin continuidad a los laterales, el agua entraría incluso por debajo de la altura de la caña de la bota, sin importar lo impermeable que sea el resto de esta.

Un tercer punto a tener en cuenta es por donde pasan los cordones. Si estos puntos lo constituyen simples ojales, evidentemente que la bota sea impermeable no tendrá mucho sentido, ya que el agua o la humedad entrará igual. El punto de paso de los cordones deberá ser independiente del tejido o material (cuero, plástico, etc.) con el que esté hecho la bota, y su unión al mismo, hecha de forma prolija y sin fisuras (por ejemplo, al tratarse de anillos o ganchos de metal unidos por remaches).

En cuanto al tejido o membrana impermeable en sí, es importante fijarse que esté cosido y pegado al mismo tiempo, ya que esto, además de ser un reaseguro redundante en cuanto a la durabilidad de la bota, en el caso del pegado en particular, garantiza una mayor impermeabilización.

En cuanto al cuidado y mantenimiento de nuestras botas, hay que recalcar que nunca deben secarse al fuego, y mucho menos limpiarse con producto químico de limpieza alguno (salvo excepciones autorizadas por el fabricante). De secarse, debe hacerse en todo caso al sol o al viento, pero no sobre una fuente de calor potente, ya sea el fuego, como acabamos de mencionar, o un radiador o calefactor.

Las membranas, a medida que pasa el tiempo, van perdiendo sus propiedades perlantes. En estos casos podemos, o bien dejar de considerar a nuestra bota apta para repeler el agua y usarla como una bota convencional ("rebajarla de categoría") o bien intentar prolongar su vida útil como bota impermeable aplicándole alguno de los productos impermeabilizantes en aerosol que se venden en el mercado. En este último caso tendremos que tener en cuenta las recomendaciones al respecto del fabricante, si las hay, incluyendo los productos impermeabilizantes que recomienda.

Por último, como siempre ocurre en el caso de cualquier compra de materiales para actividades al aire libre, es bueno elegir una marca o fabricante de confianza, que cuente con garantía e incluso un servicio de reparación y mantenimiento. Esto nos va a sacar de más de un apuro cuando queramos arreglar pequeños defectos de nuestras botas que prolonguen su vida útil y revaloricen nuestra inversión inicial en ellas.

Estas recomendaciones se aplican no sólo a las botas, sino también a las zapatillas deportivas impermeables y transpirables. La diferencia principal es que las zapatillas no poseen caña, con las limitaciones que esto implica.    

Montañismo y trekking: progresión o marcha grupal por terrenos específicos

Al margen de las recomendaciones genéricas que todo montañista y senderista debe conocer para poder transitar en grupo con cierta seguridad, buen aprovechamiento físico y respeto del medio natural, deberá saber también como moverse en determinados terrenos específicos, como son las zonas de rocas o piedras de distintos tamaños, de bloques, de vegetación densa o de terrenos con desnivel pronunciado.

En estos casos de tránsito en terrenos dificultosos, además de que no se debe olvidar como Guía que el grupo marchará más lento, habrá que considerar y tener en cuenta varias cuestiones técnicas, ecológicas y de seguridad tanto a nivel individual como colectivo.

1) - Zonas de vegetación densa.
2) - Zonas de grandes rocas o piedras (canchales o bloques).
3) - Zonas de terreno empinado.
4) - Zonas de piedras chicas (acarreos o pedreras).

1) - Zonas de vegetación densa


Lugares de vegetación densa, achaparrada o espesa como los bosques de lengas o coíhues de la Araucanía y Patagonia son prácticamente impenetrables o pueden causar desagradables sorpresas en materia de seguridad grupal si no se siguen ciertas normas que pensadas para facilitar su tránsito a pie.

El autor de este texto fotografiado durante la marcha
en una zona de vegetación densa (lengal patagonico andino)

- Los descansos o las paradas de reagrupamiento deben hacerse en los lugares cómodos, es decir, de vegetación menos densas. Lo normal es que el Guía que va primero se vea obligado a hacer paradas frecuentes para evitar perder de vista al grupo, y lograr reagruparlo cuando sea necesario.

- El grupo debe ir unido, hasta el punto de no perder de vista al de adelante, pero lo suficientemente separados como para no recibir golpes con las ramas del compañero que va adelante.

- Si por lo que fuera algún miembro del grupo se retrasa porque tiene algún problema (rotura de ropa, enganche de mochila, pérdida de equipo, se lastima con la vegetación, etc.) debe avisar inmediatamente a la persona que lo antecede, y esta comunicárselo al Guía encabeza el grupo para que detenga la marcha momentáneamente para atender el problema en cuestión.

2) - Zonas de grandes rocas o piedras (canchales o bloques)


Los canchales, peñascales o pedregales, zonas de rocas sueltas o piedras [1] más o menos grandes (mayores que una pelota de fútbol aproximadamente) pueden ser un terreno bastante fácil de transitar a pie, siempre y cuando se sepa como hacerlo. En caso de no conocer y dominar las técnicas de marcha en este tipo de suelo, una caída puede causar graves accidentes, por lo que siempre debe tenerse en cuenta:

Marchando al aire libre en zona de grandes piedras y rocas.
- Prestar mucha atención a la distancia de seguridad entre los miembros del grupo, que deberá ser mayor a mayor probabilidad de caída de piedras o derrumbes, y (a su vez y por la misma razón) a mayor inclinación de la pendiente, tanto si estamos bajando como si estamos subiendo. La razón: dar tiempo al compañero que nos precede (bajada) o nos antecede (subida) para esquivar piedras que caigan debido a nuestra marcha. Hay que avisar de la caída de piedras, sobre todo en las bajadas, cuando el que nos precede puede no verlas venir.

- Deberemos intentar pisar en los mismos lugares elegidos por el Guía que va primero, ya que este los eligió por algo (piedras o rocas más estables), y será la persona con más experiencia para hacerlo.

- Cruzar rápido y uno por uno por zonas donde las rocas sean movedizas o haya peligro de derrumbe, caída de piedras. Por supuesto, estos tramos deben ser cortos y no presentar mayores problemas, sino deberían evitarse o rodearse.

3) - Zonas de terreno empinado


Independientemente del tipo de suelo que lo recubra (roca, nieve, tierra, vegetación, etc.), los terreno empinados, inclinados, escarpados deben transitarse (subirse o bajarse, treparse o destreparse) teniendo en cuenta ciertas precauciones:

- No caminar de cara a la pendiente. Lo que obliga a caminar en diagonal o en zigzag, y siempre (sobre todo si por lo que fuera no es posible ir en zigzag) hay que mantener una distancia de seguridad, la suficiente para que si alguien se cae, no arrastre consigo al resto del grupo, y pueda ser frenado, o esquivado y luego socorrido por el resto de sus compañeros. Subir o bajaren diagonal es además más descansado, y causa un menor impacto al terreno y a nuestras articulaciones.

- No habrá que marchar en línea recta, por la misma razón de seguridad por la que hay que hacerlo siguiendo diagonales.

- Si el paso es muy peligroso o riesgoso, habrá que pasarlo de a uno, con aseguramiento o asistencia de los otros miembros del grupo. El Guía puede opcionalmente indicar al resto de las personas del grupo donde pisar o el camino a seguir desde una posición segura o de avanzada. Algunos recomiendan que el Guía en estos casos baje último para cumplir esta función, pero si existe un Guía de segundo (de cola o "escoba") esto no será necesario, y si el camino sólo lo conoce él, o es complicado por otras cuestiones objetivas (grietas, neveros que implique tallado de escalones, etc.) no será posible por no ser recomendable.

4) - Zonas de piedras chicas (acarreos o pedreras)


Estas zonas de rocas se diferencia de las zonas de rocas grandes o bloques en una mayor inestabilidad del terreno debido a desplazamientos "conjuntos" de las piedras que lo tapizan, que actúan de forma similar a la arena o a la nieve en polvo. En este sentido, estos lugares pueden atravesarse sin mayores problemas dependiendo el grado de la pendiente, y teniendo en cuenta ciertas consideraciones sobre seguridad, técnicas de marcha y ecología.

- En general, un acarreo en pendiente debe evitarse por cuestiones ecológicas: son zonas de por sí altamente degradables y difícilmente recuperables debido precisamente a su inestabilidad, y si se le suma el impacto del tránsito de personas, su degradación ecológica será todavía mucho más pronunciada.

- Si no queda otra opción que atravesar una zona de acarreo empinada, hay que tener (al igual que pasa con otras zonas rocosas) mucho cuidado con advertir de la caída de piedras generadas por nuestro avance, avisando a nuestros compañeros.

- En subidas o bajadas, será casi obligado el desplazamiento o marcha en zig-zag o diagonal, de otra forma no sólo nos cansaremos más (a cada paso, retrocederemos unos cuantos) sino que la caía de piedras será mucho mayor y acumulativa (el último recibiría el de todos los anteriores en subida, y el primero el de los que lo preceden en bajada) y degradación ecológica del terreno sería también más considerable. Conviene en estos casos reagruparse al cambiar de dirección, para evitar que las piedras caigan sobre los miembros del grupo que se encuentren más abajo en la línea de zigzag.

- En lugares en donde la progresión en zigzag no sea posible por los accidentes del terreno (chimeneas, canales, etc.), lo mejor será que el grupo marche unido, para así evitar lo máximo posible el que las piedras que se desprendan tomen velocidad y no puedan ser esquivadas.

- En lugares muy inestables, no hay que descartar el pasar de a uno, e incluso asegurarse en una cordada o con algún otro método de escalada (usando empotradores, etc.).


Notas:

[1] Una piedra se diferencia de una roca en que, básicamente, la primera no es "solidaria" (no está unida) al suelo, y la segunda sí. Por eso, una roca suelta sería lo mismo que una piedra.

Montañismo y trekking: técnicas de marcha básica en montaña

Caminar en terrenos no muy pronunciados y con suelos no especialmente difíciles en montaña no presenta mayores dificultades que el de adaptar la marcha para conservar el equilibrio dinámico (en movimiento, mientras caminamos). Mantener el equilibrio es algo que se hace de forma natural, por lo que cuanto más caminemos en montaña, más ganaremos en experiencia si "oímos" a nuestro cuerpo y le hacemos casos.


Para empezar, sin embargo, como principiante o aprendiz de montañista, es bueno conocer las bases teóricas, los fundamentos de la marcha que nos enseña la biomecánica. Tenerlos en mente nos ayudará a automatizar un paso seguro, sobre todo cuando los terrenos se empiecen a complicar, llevemos una mochila pesada, haya poca visibilidad, viento, frío...en suma, cuando empecemos a movernos en la montaña en condiciones más dificultosas.

Lo normal y correcto al marchar, entonces, sería lo siguiente:

  • Mirar dónde pisamos, evaluar a dónde nos conviene poner el próximo soporte de nuestro peso, tratando de elegir el lugar más estable para apoyar la planta del pie.
  • Mantener el centro de gravedad de nuestro cuerpo dentro del área de sustentación. Es decir, que el eje de dicho centro de gravedad pase en principio por el centro de nuestra cadera (L3, aproximadamente). Para ello, tanto en subida como en bajada, el tronco irá medio inclinado hacia adelante (columna semiflexionada).
  • Para lograrlo tendremos que ir "bamboleándonos", el típico caminar de los humanos, pero de forma más exagerada: cargar peso primero sobre la pierna-pie que acabamos de apoyar (mover sobre ella momentáneamente el centro de gravedad) con toda la planta en el suelo, para liberar el del otro y poder, levantarla (extendiendo las articulaciones correspondientes) y dar el siguiente paso, haciendo funcionar el juego de articulaciones y cadenas musculares correspondientes, y así sucesivamente (¡¡no vamos a enseñar acá como caminar!!).
  • Sumado a lo expresado antes, al bajar, en los descensos específicamente, tendremos que mantener las rodillas siempre semiflexionadas y procuraremos apoyar primero el talón para luego hacerlo con el resto de la planta, teniendo así mayor estabilidad, y causando un menor impacto a las articulaciones.
  • Los ascensos y descenso en línea recta la dejaremos para casos en los que el tiempo apremie o no hay la opción de subir en diagonal o marcando zigzags, técnica mucho más efectiva desde el punto de vista del rendimiento, de un mayor respeto de la naturaleza (menor impacto de erosión en el terreno) e impacto en nuestras articulaciones (se "carga" menos peso en cada "choque" contra el suelo de nuestros pies).

Distintas formas de perderse

A los que nos gusta la aventura y disfrutamos de la exploración, la práctica de la supervivencia y la vida al aire libre, siempre relacionamos el hecho de perder la orientación o perdernos con la ausencia de caminos o el no saber adonde estamos. Pero también existen otras formas de perderse.

 
Orientación y sendas...

Estar en el medio del desierto, sin ninguna población a la vista, casi sin agua, después de que nuestro vehículo se haya roto... Estar en una isla desierta, después de haber llegado nadando tras un naufragio... Estar en la ladera de una montaña nevada, en alguna parte de una alta cordillera, tras la caída de nuestra avioneta y haber sobrevivido milagrosamente al accidente... No saber dónde estamos exactamente cuando no encontramos referencia alguna para ubicarnos con nuestro velero en algún lugar perdido de un vasto océano... Perder la orientación dentro de una galería mientras exploramos una cueva por primera vez... No haber encontrado la civilización cuando cae la noche en un paraje inhóspito de los Andes...

Cualquiera de las frases anteriores podría indicar una de las situaciones típicas que asociamos con el hecho de "estar perdidos". Pero este tipo de cosas sólo le ocurren a aquellos que tienen la suerte (o no) de vivir situaciones aisladas del mundo y la civilización. Un ciudadano cualquiera puede perderse, y de hecho se pierde, a otro nivel, de otra manera. Incluso aquellos que hacen excursiones al aire libre en lugares muy urbanizados y con gran densidad de población por kilómetro cuadrado (como algunas regiones de Europa, por ejemplo), tienen otra experiencia de lo que es perderse.

Esa otra forma de perderse ya no implica "no saber donde está la civilización", sino "no estar siguiendo el camino correcto". Porque en un lugar civilizado todos los caminos llevan tarde o temprano, no ya a Roma, sino a lugares poblados, evidentemente. El problema ocurre en estos casos cuando se "pierde" la ruta, la senda o el camino que se pretendí seguir para llegar a donde se había planeado.

Así, un conductor insulta y despotrica contra todo objeto animado e inanimado (priorizando los mapas y su flamante GPS) cuando pasa de largo la calle en la que tenía que desviarse y no tiene forma de volver atrás sin infringuir normas de tráfico básicas o causar un accidente. De la misma forma, un senderista o un excursionista dentro de una "isla natural" entre pueblos, puede perder sus senda...pero no porque esta no esté marcada (como puede ocurrir, por ejemplo, en la Patagonia) sino porque en una bifurcación dobló hacia el lado equivocado, porque confunde un pueblo con otro hacia el que se dirigía, o porque pasó por abajo del un tendido eléctrico y al lado de unas antenas que no eran las que pensaba que marcaba su mapa.

Es decir, hay otra forma de perderse, mucho menos bucólica que la del aventurero, y es perderse por exceso de indicaciones o de posibilidades a elegir siguiendo un recorrido dado. Nosotros, sinceramente, preferimos la original...porque ya que vamos a perdernos, mejor perdernos bien perdidos y practicar un poco de supervivencia en serio ;)

Recomendaciones para el cuidado del medio ambiente en salidas en bicicleta

Recomendaciones para minimizar el impacto en el medio ambiente y la ecología del uso de la bicicleta de montaña, bicicleta todo terreno o mountainbike.

Andar en bicicleta es más impactante para el medio ambiente que caminar, aunque menos que usar un vehículo a motor. Hay ciertas recomendaciones que pueden ayudar, si las cumplimos, a reducir ese impacto ecológico y disfrutar pedaleando de forma respetuosa con el medio natural que visitamos.

Nunca debería irse campo a través en bicicleta si puede evitarse.

La bicicleta de montaña o mountainbike es la gran estrella del ciclismo recreativo o de ocio, y también del cicloturismo actual. Pero el hecho de que pueda transitar con ella por sendas antes sólo reservadas para los practicantes del trekking y montañistas, hace que las bicicletas, con su actual popularidad como medio de movilidad al aire libre, pasen a tener un impacto ecológico, principalmente en lo que a la erosión del suelo se refiere.

Antes (cuando rodaban principalmente por calles de ciudad) el ciclismo no sólo no tenía impacto a nivel ecológico (de erosión), sino que evitaban la emisión de gases de efecto invernadero y de más contaminación, al cambiar el auto por un medio que no genera contaminación. Así, la bicicleta como medio de transporte alternativo es una de las mejores elecciones que puede tomar el ciudadano. Pero la usar la bicicleta en el medio natural es otra cosa.

Por eso, lo principal es "seguir la senda o caminos marcados" siempre que sea posible, "transitando en fila india". Esto implica no tomar atajos por vagancia o comodidad.

También conviene transitar a velocidades reducidas. Porque a mayor velocidad, mayor será la erosión que causen las ruedas de las bicicletas.

Por la misma razón NUNCA es recomendable DERRAPAR o COLEAR con la bicicleta (es decir, frenar bloqueando una o ambas ruedas, y perder velocidad dejando que se arrastre por el terreno). Hacer esto tiene un terrible impacto erosivo sobre el suelo, y además desgasta las cubiertas y es una actividad riesgosa que puede terminar en caídas, atropello de personas u otros ciclistas.

Además, las frenadas bruscas contaminan también con el ruido que provocan. Es decir, son una fuente de contaminación acústica o sonora; y al mismo tiempo generan contaminación atmosférica a levantar polvo que aspiraremos nosotros y nuestros compañeros de ruta. Por si esto fuera poco, hay que sumarle la imagen que da a cualquier persona que viene a disfrutar de la tranquilidad de la naturaleza o de un camino de montaña, el cruzarse con unos "bándalos" que vienen a toda velocidad, y que cuando ya parece que van a atropellarlo, frenan a último momento haciendo ruido y levantando polvo.

Toda esta contaminación (sonora, acústica) e impacto (erosiva) no sólo afecta a las personas y a la flora (los vegetales se ven erosionados a nuestro paso) sino que también puede afectar a la fauna de la zona. Algunos animales son atropellados, o se asustan por el ruido anormal, migrando de forma forzada, con todos los problemas que esto causa a nivel natural.

¿Qué hacer si está perdido?

 A continuación daré algunas recomendaciones sobre como es deseable reaccionar en situaciones de desorientación al aire libre para intentar volver a ubicarse o auto-evacuarnos si no tenemos la posibilidad de pedir ayuda.

Guiarse entre un cañaveral compuesto por cañas de
un promedio de 3 metros, como estas, es francamente
tarea difícil, de noche, todavía más

Escribo estos consejos basándome en reflexiones que tuve luego de perderme con un compañero del GEA de noche en el Valle del Blanco, y que originalmente y en forma resumida fueron escritas en el diario de bitácora de dicha expedición de enero de 2004, la cual está documentada en formato de video en el documental "Taming The Blanco", sobre la exploración de distintas partes inaccesibles del planeta, el cuarto documental de la serie llamada X-plore producida por RedBarn

1 - Ante todo, algo que parece obvio pero que no lo es tanto: darse cuenta que uno está perdido, o reconocerlo.

Puede que, por ejemplo, pensemos que estamos caminando en la dirección correcta cuando en realidad no es así. Para esto no debemos olvidar contrastar frecuentemente el rumbo seguido con el mapa, brújula y/o GPS.

Por otro lado, consciente o inconscientemente, puede que no queramos reconocer que nos hemos perdido, porque esto implica reconocer que se tiene un problema, problema que puede llegar a ser grave. Hay que dejar a un lado el orgullo y los miedos y enfrentar la realidad, ya que igualmente ella misma, tarde o temprano, se enfrentará con nosotros de una forma mucho menos amigable.

2 - Una vez que sabemos o reconocemos habernos pedido, debemos mantener la calma.

Si el tiempo no apremia (es decir, si no estamos ante una situación de supervivencia en la que haya que reaccionar en forma inmediata so pena de perder la vida) debemos tomarnos con calma los primeros minutos, y pensar con cuidado nuestros siguientes pasos, ya que sino podríamos fácilmente empeorar la situación actual.

3 - Lo siguiente es quedarse en el lugar, no seguir andando o caminando (mucho menos corriendo) en dirección alguna hasta que no sepamos donde estamos, hacia donde tenemos que dirigirnos y/o si conviene o no seguir moviéndonos.

Las situaciones que se pueden dar son infinitas, pero en cualquier caso siempre se tiene que tomar un tiempo para pensar lo que se hará seguidamente.

Puede ocurrir que haciendo señales desde donde estamos (pitidos de silbato, llamados de ayuda) recibamos una pronta ayuda.

Puede pasar también que esté nublado u oscuro porque sea de noche, y no convenga seguirse desplazando porque se empeoraría la situación, y habría que evaluar el acampar de forma provisoria en el lugar hasta que haya más luz para considerar seguir.

4 - Si es necesario partir, antes de hacerlo debemos estar suficientemente seguros de donde nos encontramos.

Este paso es fundamental para pasar de la condición de "perdidos" a la de "molestos" por saber cuanto nos hemos desviado del rumbo correcto. Aquí influirá mucho el tener un mapa, plano o croquis, porque de ser así, habrá estudiarlo detenidamente y aplicar técnicas de orientación que deberíamos conocer.

5 - Si finalmente se decide que lo mejor es retomar un rumbo determinado, hay que estar seguro de que se podrá mantenerlo realmente pese a las condiciones del terreno y/o el tiempo.

Una vegetación virgen o frondosa en un bosque de cañas coihues (como los que existen en el Valle del Blanco) pueden impedir totalmente desplazarse en línea recta si no existe una senda previamente marcada, y los desvíos pueden llegar a ser tales que mantener un rumbo puede resultar muy difícil si no se identifican previamente puntos fijos de referencia visibles pese al follaje.

Por supuesto, a veces mantener un rumbo relativamente fijo será imposible, y habrá que ir “recalculando” frecuentemente.

6 - Tras haberse perdido, no siempre conviene seguir una senda, no debe tomarse esta elección automáticamente.

Las sendas pueden no llevar a donde queremos ir. Salvo que la conozcamos y estemos seguros a donde va o de donde viene, es preferible guiarse con herramientas que garanticen un mejor orientación, ya sea artificiales (mapas, GPS, etc.) o naturales (montañas conocidas, cursos de arroyos o ríos, etc.).

Hay que ser particularmente cuidadosos si lo que hemos perdido es precisamente la senda que seguíamos. Volver a encontrarla no sólo será difícil, sino que a veces no será conveniente. Si queremos, por ejemplo, llegar a un punto o un lugar que conocemos y sabemos donde se encuentra (campamento, río, etc.), seguir una dirección general hacia él si la vegetación lo permite será al final más rápido y tendrá mucho más sentido que intentar encontrar una senda.

Por supuesto, en lugares relativamente "civilizados", las sendas o picadas serán caminos, e incluso habrá más de uno...pero esta situación no es la que se aplica a estar perdido totalmente, sino a la otra forma de perderse que menciono aquí, normal en lugares al aire libre gestionados por servicios forestales, en cuyo caso tendremos que dirigirnos por un camino dado hasta llegar a un lugar conocido, o a alguien al que podamos preguntar.

De la misma forma y por la misma razón, construcciones en lugares poblados son un punto de referencia al que hay que intentar alcanzar, pero en lugares relativamente poco poblados, pueden ser cabañas o refugios abandonados, cosas que puede venir bien para guarecerse, pero no necesariamente para encontrar la senda para dejar de estar perdidos.

7 - Tenga en cuenta no agravar la situación perdiendo además sus pertenecias.

Al encontrarse perdido puede que olvidemos cuidar el equipo que llevamos con nosotros, o nos desplacemos sin él.

Nunca parta dejando su equipo en un lugar, ya sea porque pesa o por cualquier causa, salvo que sea absolutamente imprescindible (haya que transportar a un herido, por ejemplo). Si no sabemos exactamente donde está el lugar en el que nos encontramos será muy difícil retornar a él para recuperar nuestras cosas.

8 - Muchas veces es recomendable seguir el rumbo de un río, o dirigirse hacia él para poder hacerlo.

Si sabemos en que dirección corre el río, y sabemos que siguiendo su curso hacia arriba o hacia abajo llegaremos a nuestro campamento o punto de reunión, hacerlo será lo más sensato. En lugares urbanizados o altamente poblados (Europa central y sur de Europa, por ejemplo), caminando río abajo suele llegarse a pueblos o lugares habitados, pero esto no es una regla, por poner un caso claro: hacer esto en un bosque patagónico puede contribuir a que nos alejemos más de la civilización, ya que la mayoría de los valles están deshabitados, y muchos arroyos caen hacia la cordillera de los Andes, en ríos que no necesariamente terminan en lugares con gente, y muchas veces están encajonados, son de difícil o imposible acceso, propensos a las crecidas con el riesgo que esto implica, etc.

En este caso, existe la ventaja de que los ríos o arroyos suelen escucharse a gran distancia, y nos podremos orientar por su sonido.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que encontrar un punto determinado en la orilla de un río es algo muy difícil y por lo tanto poco recomendable. De la misma forma, será igualmente difícil dirigirse directamente hasta un campamento ubicado a orillas de un río. En estos casos lo que hay que hacer es "equivocarse" a propósito. Es decir, dirigirnos hacia abajo o hacia arriba del punto en la orilla del río al cual debemos dirigirnos, y una vez encontramos el río, sabiendo con precisión que estamos a un lado del objetivo perseguido, dirigirnos hacia él siguiendo el curso de agua.

9 - Otras veces será recomendable quedarse en el lugar en que nos encontramos o en sus alrededores, buscando un claro o un sitio despejado desde el cual hacer señales o eventualmente acampar.

Esto es muy recomendable si nos encontramos absolutamente perdidos, al menos como una primera medida. Tras un accidente aéreo en un lugar inhóspito, siendo pasajeros y desconociendo la ruta del avión, por ejemplo.

10 - Si se encuentra en una zona montañosa, tenga en cuenta que cuando se camina inconscientemente tratando de reencontrar un rumbo o un lugar, generalmente se tiende a ir hacia abajo.

Si este fue su caso, considere que es muy probable que tenga que subir para reencontrar el camino perdido.

11 - Por último recuerde: existen muchas formas de guiarse y que quizás conozca, pero pase por algo ante el nerviosismo del a situación. Por ejemplo:

- Puede guiarse por las estrellas (en el norte a través de la estrella Polar, en el sur gracias la Cruz del Sur podrá deducir los puntos cardinales, por ejemplo).

- Puede tomar como referencias accidentes geográficos visibles o conocidos del terreno: montañas, valles, ríos, piedras o rocas de gran tamaño. Para esto, es útil situarse en un punto elevado, si es que no los ve desde el nivel del suelo.

- Y por supuesto, puede utilizar si los tiene (y debería tenerlos) mapa y brújula o mapa y GPS.

En cualquier caso, evalué todas las posibilidades que tenga en base a lo que sepa y vea, antes de tomar una decisión medítela. Si se encuentra en grupo, haga lo propio con sus compañeros y escuche sobre todo los consejos de la o las personas con más experiencia en este tipo de situaciones.

12 - Si estamos en grupo, nunca debemos irnos por separado, ya que aumentará las posibilidades de accidentes y disminuirá la de que nos encuentren.

13 - Todo esto hay que hacerlo teniendo en cuenta no cansarse demasiado al principio, ya que no necesariamente vamos a salir rápido de esta situación.
Esto implica reservar alimentos si los tenemos, aunque no escatimar en agua (sobre todo si podemos conseguirla) ya que deshidratarse en situaciones de esfuerzo y nerviosismo no es bueno.

Downhill (DH): ciclismo de descenso, riesgos y ecología

Actualmente está de moda en algunos países del primer mundo una modalidad de ciclismo conocida como "descenso". Suelen practicarse con un tipo de bicicletas muy pesadas y amortiguadas (amortiguación trasera y delantera) y los que lo practican se visten con cascos similares a los de moto y corazas protectoras que incluyen rodilleras, codera e incluso protectores para las piernas y el tronco de PVC o similar.


Toda esta parafernalia en indumentaria se justifica porque este modalidad de ciclismo consiste en bajar a la mayor velocidad posible sendas, caminos forestales o similares, rutas o itinerarios de montaña que normalmente son transitados por senderistas o montañistas, o quizás por practicantes de mountainbike tradicional. La diferencia entre los "bikers" que practican bicicleta de montaña y los que practican descenso, es que estos últimos no suelen subir por su propio pie (oo gracias a sus pedaladas), sino que aprovechan los transportes que en lugares como Europa lo suben a uno hasta lo alto de las montañas (normalmente tren), para luego dedicarse bajar a toda velocidad.

Ahora, el que esta modalidad se ponga de monda está causando estragos en países donde las rutas no están controladas, como es por ejemplo España. Así, vemos como estos ciclistas bajan a velocidades que en muchos casos superan los 60Km por hora por sendas en donde transita gente, niños, otros ciclistas que suben, etc... El peligro es evidente, un simple golpe al pasar puede causar un accidente tanto para los senderistas o los ciclistas tradicionales como para el propio descendedor...

Pero este no es el único problema, el peso y el tipo de ruedas (anchas), sumado a la velocidad que logran estas bicicletas y a las frenadas que bruscas derrapando que hacen, logran que desde el punto de vista de la degradación del terreno sean fatales. En España se está llegando a tal punto, que probablemente en algunos lugares que se tornaron rápidamente "clásicos" para esta modalidad de ciclismo, sean prohibidos para TODA modalidad de ciclismo...lo cual hace que, como siempre, paguen justos por pecadores.

Senda totalmente degradada por la práctica de ciclismo de descenso
Los surcos se van haciendo cada vez más profundo, y el agua de las lluvias
termina de horadarlos hasta hacer las sendas impracticables
para el tránsito de personas, caballos o bicicletas.

En países como Canadá, este tipo de cosas se evitan desde hace años con regulaciones que, por ejemplo, hacen que existan rutas exclusivas para ciclismo de montaña, otras para senderismo/montañismo, y otras para caballos, por ejemplo. Así se administra desde el punto de vista ecológico mucho mejor la degradación del terreno, y se evitan accidentes. Mientras que este tipo de actitud administrativa de los medios naturales no llegue a todos los países, la moda del descenso es sin duda un problema medioambiental y un deporte demasiado riesgoso para los que, aunque no lo practican, pueden cruzarse en su camino...

Una alternativa para este tipo de deporte puede ser la modalidad de "descenso urbano" que ilustramos en el video que acompaña este artículo. Competencias o torneos de descenso urbano, y recorridos fijos por lugares ya pavimentados de antemano como las pistas de esquí en temporada de verano, pueden sin duda alterantivas ecológicas al Downhill (DH). 


Orientación básica

La Orientación es una actividad principalmente “terrestre”, la desarrollamos aquí, en nuestro planeta...al menos por el momento. La formas más fáciles de orientarnos en la Tierra implican ciertas convenciones y formas de entender el universo que no son compatibles con otros hechos que la astronomía enseña. Aquí algunas normas básicas para orientarnos.


Al igual que ocurre con la Física de Newton, la Orientación nos sirve perfectamente para ubicarnos en la Tierra, mientras que no sería de utilidad en el espacio, donde en el caso de la Física habría que guiarse a partir de ese momento con las teorías de Einstein al respecto.

Desde el punto de vista “terrestre” entonces, existen por convención cuatro sitios del planeta, llamados puntos cardinales: Sur, Norte, Este y Oeste. Por otra parte, existe un punto llamado Norte magnético, o Norte de la brújula. Existe un magnetismo natural que proviene del Polo Norte, y es el que explica el funcionamiento de las brújulas o compases de navegación.

Aunque el Norte magnético no coincide totalmente con el Norte verdadero, o Norte del mapa, ciertas correcciones que se determinan sobre el terreno nos permiten establecer la declinación magnética y por tanto servirnos de este punto de atracción geográfico para ubicar el Norte real.

La declinación magnética es la diferencia, en grados, entre el norte verdadero y el marcado realmente por la brújula (el norte magnético). En la mayoría de los mapas se detalla la declinación magnética del sitio relevado.

Como las propiedades magnéticas de una región o terreno no son estables en el tiempo, la declinación magnética varía junto con el lugar y el tiempo en que se mida. Por eso es importante cotejar la fecha de creación del mapa o mapas que se estén utilizando, ya que la declinación magnética puede variar dependiendo de la fecha de edición de los mismos. Es aconsejable, por tanto, utilizar siempre mapas de ediciones lo más reciente posibles.

Las brújulas electrónicas nos liberan de las preocupaciones relativas a las declinaciones magnéticas, ya que están preparadas para determinarla en el momento y en el lugar que se desee.

¿Para qué hallar el Norte?

Es habitual ver en las películas de acción que el héroe saca su brújula e inmediatamente se ubica en el terreno, en una densa selva, o en el más caluroso de los desiertos, poniéndose en marcha hacia el lugar correcto y arribando más tarde feliz a su destino. Lamentablemente las cosas no son tan fáciles como se muestran en las películas.

En principio, como ya vimos, una cosa es conocer el Norte de la brújula, y otra el Norte verdadero. Teniendo una brújula magnética simple, es necesario que conozcamos además la declinación del sitio donde nos encontramos para estar seguros de que sabemos donde se ubica cada punto cardinal..
Una vez que se sabe donde está el Norte, no se sabrá a donde ir salvo que se uno sepa donde se encuentra, nuestra posición en el terreno, o se tenga un mapa del lugar y se sepa como ubicarse en él. El compás por sí solo nos dice nada más que los puntos cardinales.

Es primordial situar los puntos cardinales, ya sea con la brújula o por cualquier otro método, ¿pero qué podemos hacer, a partir de allí, con esa información?

Cuando uno busca orientarse es porque quiere saber como dirigirse hacia alguna parte. No tendría ningún sentido saber donde estamos para luego simplemente quedarnos allí. Es por eso que hay que saber hacia donde ir. Y para saber hacia donde ir, hay que conocer tres cosas:

1 - Hay que saber cual es nuestra posición, donde nos encontramos

2 - Hay que saber donde se encuentra dicho sitio, objeto, región o accidente del terreno.

3 - Hay que determinar un rumbo y / o una ruta a seguir desde el lugar en donde nos hallamos (punto de partida), hasta el lugar a donde queremos llegar (punto de llegada). 

Si desconocemos dónde nos encontramos, podemos averiguarlo orientando el mapa de acuerdo a los accidentes del terreno y triangulando nuestra posición (1). A partir de allí podemos ubicar en el mapa el sitio al que queremos ir (2) y determinar el rumbo a seguir con la brújula para llegar a él (3)

Recomendaciones para el cuidado del medio ambiente en actividades al aire libre

Siempre que estemos en la naturaleza, en el campo, en la montaña, o en cualquier paraje natural, es decir, alejado de la civilización, en contacto con fauna y flora salvaje, de aire puro y de otras delicias ecológicas con las que disfrutamos los que nos movemos al aire libre, es lógico que tratemos de evitar todo lo posible impactos negativos que perjudiquen el entorno natural que tanto apreciamos, transformándolo de a poco en aquello de lo que escapamos siempre que podemos: la ciudad y la contaminación.

Hay ciertas normas o reglas fáciles de seguir que podemos recomendar entonces para evitar degradar, en la medida de lo posible, el medio natural con nuestra presencia, ayudando a cuidar la ecología. En general, para todas las actividades en el medio terrestre, entre las más importantes están:

  1. - Seguir la senda o caminos marcados.

  2. - No fumar ni encender fuego.

  3. - No arrojar basura, y levantarla si la encontramos.

  4. - No alterar las señales o marcas de los senderos.

  5. - No pintar las piedras, árboles o rocas.

  6. - No molestar a vegetales ni animales.

  7. - No gritar ni usar luz innecesariamente.

  8. - Dejar las puertas y tranqueras igual que como las encontramos.

  9. - Respetar a la gente de campo, sus cultivos y la propiedad privada.

  10. Recomendaciones para el cuidado del medio ambiente en salidas en bicicleta


  • Seguir la senda o caminos marcados


Salir de la senda, pista o camino que sigamos es una mala idea. Por mucho que se diga que el "caminante hace su camino al andar", en senderismo, ciclismo, cabalgatas y demás actividades al aire libre en el medio terrestre esto es, desde el punto de vista de la seguridad, la eficiencia y la ecología, contraproducente.

Caminado al aire libre por un camino o pista forestal apta para vehículos rodados.

No seguir las sendas o caminos (en fila india tras el Guía de cabeza, de ser necesario) produce una mayor erosión del terreno y daño a la fauna y flora, hace que caminemos, andemos en bicicleta o a caballo normalmente más distancia o por caminos más complicados (mayor cansancio o pérdida de tiempo) o incluso por terrenos potencialmente más peligrosos (bordes de acantilados, piedras mal asentadas, etc.).

El atajar o cortar camino, cambia además el rítmo cardíaco dificultando la adaptación física aeróbica a una marcha, ascenso, descenso o caminata. Por lo tanto, seguir la sendas marcadas es una norma que tenemos que cumplir tanto por motivos de seguridad, de aprovechamiento racional de nuestro esfuerzo físico, y de respeto y cuidado de la naturaleza.

  • No fumar ni encender fuego


No sólo es contradictorio fumar cuando se pretende disfrutar del ejercicio físico al aire libre y de un entorno natural, sino que puede ser la causa de un incendio forestal, y molestia para el resto de no fumadores, de fumadores que hacen salidas en la naturaleza precisamente para olvidarse del cigarrillo y la fauna local.

De cualquier forma, está prohibido encender fuego por cualquier motivo en muchas zonas en todas las épocas del año, o particularmente durante la primavera-verano, precisamente para prevenir incendios.

Además, recordemos que una colilla o filtro de cigarrillo contiene una gran cantidad de nicotina y alquitrán (además de miles de otros tóxicos no determinados). La nicotina en particular es el contaminante más tóxico del mundo después de la toxina botulínica: un solo filtro usado de cigarrillo puede contaminar miles de litros de agua.

Evidentemente, existen casos especiales en donde encender fuego es necesario o posible. Pero para esto hay que saber, para lo cual hay que aprender con gente que sabe y bajo condiciones controladas.

  • No arrojar basura, y levantarla si la encontramos


No arrojar basura, y levantarla si la encontramos en le camino, en el lugar de acampada, etc., para desecharla en el lugar adecuado. En caso de que en nuestro país exista la posibilidad de dividir la basura para su reciclado (en orgánica, papel, vidrio, plásticos y envases, etc.) separarla en bolsas diferentes para poder hacerlo ahí mismo si se pude, o a la vuelta de nuestra salida.

Residuos particularmente tóxicos y que nunca hay que desechar en la naturaleza son las pilas y baterías, ya que pueden contener incluso metales pesados que contaminen curso de agua cercanos o napas subterráneas además de la propia tierra. Por otro lado, se sabe que, por ejemplo, actividades como la caza y sus desechos asociados (munición de balas o perdigonadas de plomo), causan un gran mortalidad entre aves que luego comen plantas crecidas en terrenos contaminados con dicho metal pesado.

Algunos tipos de plástico puede tardar más de 500 años en degradarse, así que considere llevarse toda su basura de vuelta a la ciudad.

  • No alterar las señales o marcas de los senderos


No alterar las señales o marcas de los senderos. Esto implica no borrar marcas de pintura (o hacer otras sin sentido, que puedan confundirse con las existentes) ni desarmar los hitos (montones de piedras acumulados artificialmente) que se encuentren por el camino, ya que cumplen una función primordial de señalización.

Los caminos están para algo, y sus marcas los dan a conocer. Si alteramos las señales, el resultado será que otras personas que sigan (o intenten seguir) en un futuro el mismo camino, puede confundirse, vagando por lugares equivocados, y por lo tanto degradando más el entorno al pasar por lugares antes no pisoteados ni alterados por la presencia humana.

  • No pintar las piedras, árboles o rocas


No pintar las piedras, árboles o rocas. Además de dar lugar a confusiones como mencionamos más arriba respecto de las marcas de los caminos, las constituyen un contaminación directa, además de un atentado estético contra el medio natural.

Lo que en la ciudad puede ser considerado una obra de arte por algunos, sin duda en un entorno natural está totalmente fuera de lugar. Como ejemplo valga la siguiente foto.


  • No molestar a vegetales ni animales


No molestar a vegetales ni animales. Por razones obvias, ellos tienen tanto derecho de vivir en paz como nosotros...en realidad más, ya que la naturaleza es "SU" casa, no la nuestra, nosotros somos los invitados, ellos los residentes: si destruimos su hábitat, pasaremos de ser residentes a intrusos o invasores.

Cada animal y cada vegetal tienen una función, el alterar a la flora o la fauna en su entorno (aunque no lo matemos realmente) puede significar cambios perjudiciales en el ecosistema a corto, mediano o largo plazo, siendo uno de los más destacables la extinción de una o más especies con sus nefastas consecuencias para todos.

Además, molestar a los animales puede implicar, en casos extremos, ser atacados por estos, como ante jabalís, ganado, corzos, ciervos, osos, pumas, linces, cabras montesas, avispas, abejas, y un largo etcétera que incluye a cualquier ave o animal (también las "inofensivas" vacas, ovejas, cabras, etc.) que quiera proteger su cría, su presa o su territorio ante un invasor; y a los insectos, menos visibles y por eso más vulnerables.

Responsabilidad y cuidado es lo que hay que tener. Lo mismo se aplica de forma pasiva a algunas plantas, que son urticantes o venenosas, pueden traer alergias a ciertas personas, etc.

  • No gritar ni usar luz innecesariamente


No gritar ni usar luz innecesariamente. Existe un tipo de contaminación llamada "contaminación acústica" o "contaminación sonora", que en la ciudad, con el ruido urbano, es normal. En la montaña debe evitarse todo lo posible, ya que altera a los animales de la zona.

Otro tipo de contaminación es la "contaminación lumínica", que tiene efectos parecidos sobre la fauna y flora. Recordemos que los animales tiene un "ritmo biológico", regido por la luz, haciendo que su actividad sea mayor o menor (dependiendo la especie) en las horas de mayor o menor luz (día o noche). El que "hagamos la luz" durante las horas en que no debería haberla desde el punto de vista natural (salvo en días de luna llena) hace que los animales se desorienten. Este efecto se ve claramente al ver como mueren cientos de insectos al revolotear de noche alrededor de lámparas, linternas, etc., debido a que confunden a esta con la luna, que normalmente les sirve de referencia para la orientación nocturna.

El ruido y la luz excesivos o fuera de lugar, puede hacer también que ciertos animales abandonen su territorio, sus refugios o sus nidos, incluso a sus crías, pereciendo estas de hambre y ellos tras perderse por desorientación.

  • Dejar las puertas y tranqueras igual que como las encontramos


Dejar las puertas, portones, vallas o tranqueras igual que como las encontramos, puede parecer una recomendaciones que no tenga nada que ver con la ecología o con la seguridad en actividades al aire libre, sino con el respeto a los paisanos o gente de campo en todo caso. Pero en realidad tiene que ver con ambas cosas y, por supuesto, también con el respeto.

Dejar una tranquera abierta cuando estaba cerrada, puede desencadenar una huida de ganado, con consecuencias no sólo perjudiciales para el ganadero o el pastor responsable, sino para la ecología del lugar: pisoteo de cultivos, erosión de terrenos naturales, pérdida de ganado, etc.

A su vez, dejar una barrera, valla o tranquera cerrada cuando estaba abierta, puede evitar que el ganado regrese a su corral (o salga de él) según lo previsto por el ganadero, con las mismas consecuencias perjudiciales.

Si resulta que no nos habíamos dado cuenta que dicha tranquera contenía a ganado "bravo", podemos adivinar fácilmente lo que puede pasarnos si nos cruzamos con algunos ejemplares enfurecidos, por meternos en o no hacer lo que es debido...

  • Respetar a la gente de campo, sus cultivos y la propiedad privada


Aunque no siempre, los campesinos, paisanos o pastores forman una parte indisoluble y totalmente adaptada al medio ambiente en zonas naturales, muchas veces sí. Perjudicarlos a ellos y sus costumbres en esos casos, por lo tanto, es perjudicar a la ecología, entendiendo a ésta como la relación armónica entre el ser humano y la naturaleza.

Pero incluso en los casos en que esto no ocurre así, cuando los paisanos son todo lo contrario: los que ensucian, los que con su ganado erosionan y destruyen el medio natural, los que talan árboles y construyen ilegalmente, etc., el no respetar su propiedad privada (tanto sus terrenos como sus animales y cultivos) puede traernos no sólo problemas legales, sino la imposibilidad de que en un futuro nos vuelvan a permitir pasar (aunque sea cerca) por la zona, ya sea con razón o sin ella.

Si cruzamos por zonas cultivadas o sembradas, robamos frutos, molestamos a los animales doméstico o al ganado, no prestamos atención a dejar las puertas o tranqueras como estaban a nuestro paso, tiramos basura, gritamos como locos o faltamos el respeto de cualquier otra forma a la gente de campo (incluyendo no saludarla como es debido cuando nos cruzamos con ella), no sólo lograremos que nos pierdan ese respeto también a nosotros; sino también a todos los que realizamos actividades al aire libre por placer.

Y la próxima vez puede que, con toda razón, ya no nos dejen pasar...aunque en teoría deban hacerlo por ley. Así que, como pasa con los extranjeros en un países que los acoge, es mejor portarse "más que mejor", mostrando una conducta ejemplar, para no dar excusas a aquellos que de buena ganas, tomarán la más mínima infracción para "discriminarnos" o echarnos las culpa de todos sus males en el futuro.


Escalada: el factor de caída y el factor de caída real

El factor de caída es una fórmula que indica la peligrosidad de una caída en escalada, cuando se está asegurado por una cuerda. A esto se llama también, con más propiedad, "Factor de caída teórico", en contraposición del "Factor de caída real". 
 
El factor de caída y el factor de caída real en escalada.
El factor de caída y el factor de caída real en escalada.

El factor de caída (FC) es igual a la longitud de caída (LC) sobre los metros de cuerda empleada (MC), o sea FC = LC / MC.

Así, un FC de 2 o más se considera peligroso y, en general, cuanto mayor sea su valor, más peligrosa será la caída para el escalador, ya que una caída corta en escalada es más riesgosa si se tiene poca cuerda que absorba el impacto en función de los metros que se caen.

Es decir, que lo duro de una caída en escalada asegurado con una cuerda no depende de la altura a la que se esté, sino del FC anteriormente explicado.

Si existe algún punto de la cuerda rozando con la montaña o pared y con los puntos de aseguramiento (cosa que sucede casi siempre) el Factor de caía no es real en la práctica, ya que la cuerda se comportará de forma distinta al frenar la caída que si lo hiciera colgando libre.

El factor de caída real es el que tiene en cuenta los rozamientos que tiene la cuerda con la roca o pared y lo puntos de seguro (mosquetones, etc.) que limitan la propagación de la fuerza por la cuerda, y por lo tanto la absorción del impacto por parte de la misma. Por eso el factor de caída real es siempre más elevado que el factor de caída teórico.

Normas de seguridad en actividades terrestres al aire libre

Toda actividad al aire libre que implique caminar o realizar travesías por terrenos, rutas, sendas o caminos no pavimentados, abruptos y/o con cierto desnivel, tienen en común no sólo el uso de cierto equipo o material para hacer dicha actividad más segura, sino el cumplimiento de una serie de normas para lograr este mismo fin: garantizar lo más posible la seguridad de los participantes.

Normas de seguridad en actividades al aire libre
Normas de seguridad en actividades al aire libre
 
Entre las normas más comunes para mejorar la seguridad en recreación - senderismo o trekking, montañismo, excursionismo, y paseos por el campo en general- podemos mencionar las siguientes como las más importantes:

  1. - No excederse al elegir el nivel físico o técnico del recorrido.

  2. - Ir en grupos con al menos dos Guías.

  3. - Respetar las indicaciones y decisiones de los Guías.

  4. - Programar el recorrido en función del tiempo de luz natural disponible.

  5. - Prever lugares de descanso y reaprovisionamiento de agua.

  6. - Llevar botas y ropa con un cierto uso.

  7. - Parar en las bifurcaciones de caminos (y consecuencias).

  8. - En rutas y travesías al aire libre, llevar medios de comunicación y orientación.

  9. - Llevar un botiquín de primeros auxilios.

  10. - Hidratarse y comer adecuadamente, antes y durante el recorrido.

  11. - Controlar que tenemos las botas bien atadas.

  12. - Las uñas de los pies deben estar cortadas.

  13. - No perder de vista al grupo.

  14. - No ausentarse o pararse durante el camino sin avisar.

  15. - No beber alcohol, bebidas estimulantes o tomar otras drogas.

  16. - No caminar de cara a la pendiente.

  17. - No bajar corriendo.

  18. - Tener en cuenta el clima y la previsión meteorológica.

  19. - Precauciones al cambiar de terreno y desnivel.

  • No excederse al elegir el nivel físico o técnico del recorrido

Cualquier actividad al aire libre o de multiaventura, como cualquier actividad deportiva, tiene un componente físico y técnico (de habilidad o dificultad) determinado. Muchas agencias de montañismo y de aventura califican este grado de dificultad en niveles numerados (nivel 1, nivel 2, etc.) o con nombres (dificultad baja, dificultad media, etc.) tanto a nivel conjunto, como separando la exigencia física de la técnica o coordinativa (nivel de exigencia física alta y técnica baja, nivel de exigencia física media y técnica media, etc.).

Sin embargo, es evidente que cualquier clasificación por niveles de dificultad tiene únicamente carácter orientativo, por el simple hecho de que todas las personas somos distintas debido a nuestra particular condición atlética y experiencia física y deportiva, en este caso en actividades al aire libre. Ciclismo, rafting, canoas, kayakismo, cabalgadas, trekking, montañismo, parapente, escalda, andinismo, ala delta, esquí, snowboarding, senderismo, acampada, supervivencia, mountainbike o cualquier otra disciplinas en el medio natural son actividades que tienen puntos en común, pero a la vez tan variadas que se pueden aplicar a personas con perfiles muy diversos. Así, tenemos que evaluar los niveles que indican las agencias ofrecen actividades al aire libre, y empezar siempre por el más bajo si no queremos llevarnos desagradables sorpresas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que muchas veces esta calificación por niveles ni siquiera existe, y sólo se podrá comprobar la exigencia de una oferta de aventura probando o preguntando previamente. Esto será siempre así sobre todo cuando nosotros, ya sea por nuestra cuenta o dentro de un grupo de amigos, queramos organizar una actividad sin contar con ayuda de agencias o profesionales.

En este último caso, tendremos que evaluar a conciencia el esfuerzo físico y técnico que exija nuestro recorrido, para saber si se adapta tanto a nosotros como al miembro más débil del grupo. Y finalmente, adaptar siempre la actividad precisamente a la persona que cuente con un nivel más bajo, y no a la inversa.

  • Ir en grupos con al menos dos Guías


En cualquier actividad al aire libre en el medio terrestre para grupos numerosos (más de 5 personas) y/o compuesto por gente inexperta en la actividad en cuestión (senderismo, trekking, montañismo, cabalgatas, esquí de fondo, raquetas, etc.) el contar con al menos dos personas responsables o Guías (uno que vaya adelante, y otro que vaya atrás) es imprescindible. Lo ideal es que (además del mínimo necesario de dos Guías) haya al menos un Guía, Monitor, Instructor, Técnico o persona responsable más por cada 5 o 10 personas en el grupo.

Como clientes de actividades de aventura o multiaventura, tenemos que tener claro que muchas agencias de viajes, de deportes extremos o de turismo activo o de aventura juegan con sus márgenes de beneficios, y por cuestiones comerciales pueden prescindir de los servicios de la cantidad de Guías que son obligados para realizar una actividad concreta al aire libre con las mayores garantías de seguridad. Pero nunca debemos transigir, nunca debemos ceder en este aspecto, porque esto iría directamente en contra de nuestra propia seguridad y de la de nuestros compañeros de grupo.

Además, tenemos que saber que los Guías en cuestión son personas con las habilidades suficientes como para cumplir su función. Esto podemos comprobarlo averiguando qué organismo los certifica como tales y/o (sobre todo y más importante) qué experiencia tienen realizando este trabajo en concreto, en el lugar y bajo las condiciones que en concreto se va a desarrollar la actividad de multiaventura en la que vamos a participar.

En este sentido, aunque no siempre es así, en general los Guías locales suelen ser los mejores. Y tampoco tenemos que creer que el título o la licencia que los certifica como Guías es lo más importante: recordemos que muchos Guías Sherpas en el Himalaya (por citar un ejemplo de Guías locales mundialmente conocidos) no tienen más certificación que décadas de experiencia a sus espaldas, no sólo realizando expediciones y ascensiones, sino viviendo día a día en condiciones que para nosotros son extremas. Dicho de otro modo, la experiencia real, como es obvio, vale más que un papel que diga que teóricamente se tiene dicha experiencia.

  • Respetar las indicaciones y decisiones de los Guías


Siempre hay que respetar las indicaciones y decisiones de los Guías. Si estamos en una salida guiada por un profesional o alguien que se hace responsable (sin serlo) de dicha actividad, probablemente muchas veces no entenderemos (dependiendo de nuestro nivel de conocimiento y experiencia) porqué el Guía toma una u otra decisión, pero tenemos que recordar que cuando el tiempo apremia (ante una emergencia) no hay tiempo para explicaciones y habrá que acatar las indicaciones del Guía sin dificultar su labor.

  • Programar el recorrido en función del tiempo de luz natural disponible


Evidentemente, salir al aire libre sin tener en cuenta que allí la iluminación artificial es un medio limitado, y la mayor parte del tiempo inexistente, es cometer un error típico de ciudadano no acostumbrado al campo que hay que evitar. El caso extremo en donde la luz es absolutamente imprescindible lo constituyen las actividades espeleológicas, no exactamente al aire "libre", pero sí actividades en el medio natural.

Pero sin llegar a estos extremos, en cualquier otra actividad de multivamentura, cuando el sol se pone la luz la tenemos que poner nosotros...ya sea en forma de linternas en nuestras bicicletas, en nuestras manos o en nuestras cabezas, ya sea en forma de fogata, fogón u hornillo, pero no podemos confiar en que la Luna nos ilumine (aunque muchas veces lo hará, si las nubes lo permiten).

  • Prever lugares de descanso y reaprovisionamiento de agua


Como ya dijimos en más de una oportunidad, disponer de agua es imprescindible. Pero muchas veces encontraremos agua potable durante el camino, y por lo tanto tendremos que programar nuestras paradas, tanto para juntar agua como para descansar, al menos en esos puntos (de abastecimietno de agua) de forma obligada (así matamos dos pájaros de un tiro).

Esto no es excusa para no llevar siempre una resera de agua personal. Esos lugares, por lo tanto, tienen que tomarse como lugares para "reaprovisionar" nuestras reservas de agua; no simplemente para tomar agua y seguir el camino sin llevar reserva alguna del líquido elemento.

Además, hay que considerar que (por muy potable que sea) el agua natural no le cae bien al estómago de muchos ciudadanos no acostumbrados más que al agua clorada de sus casas, o al agua mineral comercial embotellada. Y aunque los efectos de esta intolerancia al agua natural (normalmente diarrea) no suelen verse inmediatamente, sino a mediano plazo, a veces el rechazo es una cuestión de gusto y la persona puede directamente negarse a tomar agua...pero al mismo tiempo no haber tenido la precaución de traer agua consigo porque "nadie le avisó". Conviene entonces que los Guías o responsables lleven al menos siempre un poco de agua "de ciudad" de reserva para casos como estos.

Por motivos ecológicos que detallamos en otro lado, no es recomendable parar justo a la orilla de los ríos, sobre todo en lugares muy transitados. Así que conviene hacer las paradas cerca de los cursos de agua, pero al menos a 50 o 100 metros de estos.

En cuanto al lugar de descanso en sí, a parte de ser un lugar preferiblemente cercano a una fuente de agua (imprescindible en descansos largos y a la hora de comer) hay que elegir un lugar en que no se dificulte el paso a otros montañistas, caminantes o senderistas que pudieran transitar por el mismo lugar mientras estamos descansando. Este lugar debe ser seguro en cuanto ante potenciales peligros naturales protegido (derrumbes, avalanchas, etc.), protegidos de las inclemencias del tiempo: del sol en verano, y del viento en invierno (o según las condiciones meteorológicas imperantes) y no ser paradas demasiado largas para evitar "enfriamientos" (musculares) excesivos, y que no cueste luego retomar la actividad.

Por último, no olvide que la necesidad de más o menos agua de nuestro organismo se determina en función del esfuerzo a realizar, y del clima: a mayor esfuerzo física, e igualmente, a mayor calor, o mayor viento, mayor será la deshidratación sufrida. El agua que llevemos o carguemos en cada parada, dependerá de estas variables, siempre considerando un resto de reserva que no usaremos, y que quedará para posibles situaciones de emergencia o primeros auxilios.

  • Llevar botas y ropa con un cierto uso


Llevar botas y ropa con un cierto uso. Esta regla principalmente se aplica a las botas o borceguí (botas militares), no zapatillas o zapatos. Las botas nos sujetan el tobillo, haciendo que tengamos una menor posibilidad de tener lesiones por torceduras en esta articulación, debido tanto a la propia caña de la bota (al menos deben ser de "media caña") como a la mayor sensibilidad en la zona que nos hace reaccionar más rápido al sentir que se nos dobla el tobillo de forma exagerada (reacción propioceptiva).

No deben llevarse nunca botas nuevas o no probadas durante al menos una semana en condiciones lo más reales posibles. De no cumplirse esta recomendación, las ampollas serán la norma, norma que en algunos casos nos impedirá totalmente caminar debido al dolor.

Lo mismo se aplica a la ropa nueva, sobre todo la que va en contacto con la piel (ropa interior, medias o calcetines, pantalones, camisetas o remeras, etc.) y si no se tiene experiencia previa en el uso de ese tipo de marca, tejido, membrana o modelo en particular. Aunque con la vestimenta el problema de rozaduras sería menor que el que se daría al usar una bota nueva en salidas con caminatas más o menos largas, el riesgo existe, y a éste se suma el riesgo de alergias, algo cada vez más frecuente en el mundo moderno debido a la contaminación ambiental y los productos químicos que se usan tanto para cultivar las materias primas de las que derivan las fibras naturales (algodón, lana, alpaca, etc.) como para crear tejidos (polipropileno, poliéster, temast, rovyl, clorofibra, meraklón, thermalene, thermowear, capilene, lifa, termofibra, termas, dunova, etc.) y membranas artificiales (goretex, sofitex, sympatex, stan-air, micropor, porex, entrant, etc.) y/o impermeabilizarlas, aislaras del viento, laminarlas, hidrofugarlas, revestirlas, resinarlas, etc. etc.

  • Parar en las bifurcaciones de caminos (y consecuencias)


Al igual que ocurre con el guiado de grupos en cualquier otra actividad al aire libre (a pie, en bicicleta o a caballo), cuando el que conoce el camino es sólo el Guía, y los que lo siguen dependen de sus indicaciones, debe reagruparse a la gente que conforma el grupo en todas las bifurcaciones, aprovechando ese momento para cerciorarse de que están todos (contarlos) y que continúan la marcha por el camino correcto, sin tomar el equivocado.

Cuando hay al menos dos Guías (Guía de primero o de cabeza; y Guía de segundo, Guía escoba, de cola o "Subguía") el encargado de realizar la tarea de recuento es el Segundo. Pero si el Segundo no conoce el camino y depende también de ver por donde va el Primero, éste último deberá esperar en las bifurcaciones al menos lo suficiente como para que los que lo sigan vean por el camino que toma.

En caso de que el tiempo apremie, el Guía que va de primero puede dejar a alguna persona de confianza en la bifurcación indicando el camino correcto, o incluso marcarla con alguna señal (eso sí, tiene que ser una señal previamente convenida y conocida por todos en el grupo). Cuando hay más de dos Guías, el o los Guías que van en el medio del grupo o distribuidos en él son los que se encargan de realizar esta función de "balizas" ante las bifurcaciones.

Es casi una cuestión estadística el que a más gente, más posibilidades de gente que vaya más despacio y gente que vaya más rápido; y también más posibilidades de "distracciones", ya sea viendo el paisaje, o al ir haciendo sociales entre los miembros del grupo, etc. Por lo tanto, esta parada en las bifurcaciones para esperar al último será obligada cuando se vaya grupos grandes. Cuanto más grande sea el grupo, más se va a "estirar", y por lo tanto más habrá que esperar a los últimos.

En estos casos, puede aprovecharse las paradas precisamente para descansar. Además, no es conveniente salir o empezar otra vez a pedalear inmediatamente cuando llegan los últimos, por razones obvias (los últimos también tienen que descansar, generalmente incluso más que los primeros). Si el grupo por este motivo las paradas en las bifurcaciones se hacen muy largas, se puede hacer alguna actividad de corta duración para "animarlas", y evitar que la gente se enfría o aburra.

Si estamos andando en bicicleta o a caballo, se puede rápidamente establecer un pequeño circuito alternativo para mantenerse en movimiento. Este circuito puede tener cierta dificultad técnica para hacerlo más atractivo, por ejemplo. También se puede hacer algún juego en el lugar, juego que variará dependiendo la edad y la cantidad de miembros del grupo. Así, nadie se va a aburrir, y todos van a tener la posibilidad de descansar en las paradas obligadas.

  • En rutas y travesías al aire libre, llevar medios de comunicación y orientación


El teléfono móvil o celular se está haciendo imprescindible como medida de seguridad para grupos que realizan actividades al aire libre relativamente alejadas de la civilización. Esto es más cierto cuanto menos gente con experiencia y conocimientos haya en el grupo, siendo el móvil una herramienta para usar en caso de emergencia, y de la que nunca hay que abusar sin el consentimiento del Guía o la persona responsable del grupo.

Si vamos solos, cosa que debería ser excepcional (sobre todo cuanto más inhóspita, desconocida o peligrosa sea la zona) debemos aplicar el mismo sentido común, y no movilizar todo operativo de rescate simplemente porque tomamos la bifurcación incorrecta de un camino que, igualmente, nos llevará hasta un pueblo o ciudad cercana (aunque no sea al que pretendíamos llegar).

Ante accidentes y pérdidas del camino, se justifica pedir ayuda siempre que no podamos evacuarnos por nosotros mismos, o con la ayuda de otros, con la garantía suficiente de llegar antes de que deje de haber luz natural, y haya riesgos de que perdamos el camino, de sufrir un clima severo sin tener la vestimenta adecuada para afrontarlo, o cualquier otra situación que no podamos resolver con los medios y recursos (materiales y humanos) de que dispongamos en ese momento.

Así mismo, las radios o walkies son muy útiles incluso cuando no haya una urgencia, ya que sirven para deportes y actividades al aire libre en donde haga falta comunicación inalámbrica entre distintos miembros de uno o más grupos, que trabajan a distancias que hacen imposible la comunicación a viva voz, y donde la cobertura de telefonía celular no está disponible o es mucho más caro usarla.

Los medios necesarios para orientarnos (mapa, brújula y/o Gps), habrá que llevarlos siempre, aunque conozcamos el camino a seguir. Puede que sean necesario variar el camino, precisamente para llegar al lugar más cercano en caso de accidente; retomar el camino por otro que no conozcamos en caso de pérdida, o avisar nuestras coordenadas para que nos rescaten (GPS), por ejemplo. De todos, el más imprescindible es el mapa, ya que además es más seguro (no se puede quedar sin pilas, como el Gps o una brújula digital, por ejemplo), y conviene llevarlo en una funda de plástico para evitar que eventualmente se moje.

  • Llevar un botiquín de primeros auxilios


Es evidente que, por muy corta que sea una ruta o travesía al aire libre, y se trata de la actividad que sea (ciclismo, senderismo, montañismo, esquiar, andar a caballo, etc.) un botiquín de primeros auxilios siempre puede ser útil. Viajando en grupo, siempre debe llevarse al menos uno; y lo ideal es que además cada persona cuente con algunas reservas individuales para tratar pequeñas emergencias, o sus problemas de salud personales.

Hemos realizado una lista con un ejemplo de botiquín de primeros auxilios para ciclismo, pero que también se aplica a cualquier actividad al aire libre, que puede leerse acá. Es sólo una sugerencia, ya que siempre un botiquín debe adaptarse a las necesidades concretas de la actividad en cuestión que se vaya a realizar, del número de participantes, de su nivel de conocimientos medios y de primeros auxilios, de la forma en que se transportará el botiquín, etc.

  • Hidratarse y comer adecuadamente, antes y durante el recorrido


Como sabemos, el agua es imprescindible para la vida, más que la comida, y será siempre algo que tengamos que tener en cualquier actividad al aire libre de cierta intensidad física o duración. El agua no sólo será necesaria para beberla, sino que también puede ser útil (por ejemplo) para lavar una herida al aplicar primeros auxilios. Por eso, siempre habrá que tener en cuenta, y saber con seguridad, en qué lugares del camino se encuentra agua (ya sean fuentes artificiales o naturales), y en cualquier caso llevar agua de reserva por si acaso, aunque más no sea para tener durante el recorrido para cualquier incidencia.

La comida es menos necesaria, sobre todo durante el recorrido inferiores a un día (sobre todo si comimos bien antes de salir). Pero todo depende, por supuesto, de nuestro nivel de entrenamiento y costumbre, porque igual que puede haber una persona que no tenga problema en no comer por 5 horas, a otras ante el menor esfuerzo físico se les despierta el apetito.

En cualquier caso, igual que pasa con el agua, siempre habrá que llevar algo de comida de reserva personal en forma de hidratos de carbono (glucosa o azúcar), ya sea una barrita energética, frutas desecadas o algo parecido. Si alguna persona sufre una recaída por agotamiento físico, comer azúcar la "reavivará" por al menos 20 minutos, quizás lo necesario para que siga moviéndose por sus propios medios hasta llegar a destino, donde pueda descansar y comer mejor.

En cuanto al consumo de agua o bebidas isotónica antes y durante la actividad, si no tenemos experiencia práctica personal en el tema, podemos empezar guiándonos por las recomendaciones que mencionamos acá. Respecto al la ingesta de comida, y en particular de hidratos de carbono antes y durante la actividad, también podemos tener en cuenta estas recomendaciones para evitar problemas de recaída física durante nuestro itinerario. Pero, por supuesto, el tema de la nutrición deportiva o para el rendimiento es demasiado amplio como para tratarlo en este texto.

  • Controlar que tenemos las botas bien atadas


Controlar que tenemos las botas bien atadas, tanto al comenzar la marcha, como cuando empezamos a descender (en caso de ser un ruta con tramos "aéreos"). Esto puede evitarnos lesionarnos los tobillos ante una mísera piedra, o que nos salgan ampollas en los dedos.

Llevar unas botas desatadas es tan inútil o más que llevar unas zapatillas: la función para la que fue pensada la bota se esfuma totalmente, algo similar a lo que pasa cuando un ciclista o un conductor de motos lleva un casco desatado, no sirve de nada, y lo que es peor, crea una falsa sensación de seguridad que puede traer problemas, pero nunca beneficios.

Alguno puede pensar que esto es una obviedad, que porqué me recomiendan semejante tontería evidente. Pero mi experiencia me demuestra que la gente camina con las botas flojas muchas veces, y he tenido que asistir a personas por esguinces de tobillo, e incluso caídas, por tener las botas desatadas o mal atadas. Como Guías, debemos recordar a nuestros clientes que verifiquen el atado de sus botas. En particular, que las aten fuertemente en las bajadas prolongadas, para evitar en la medida de lo posible que los dedos choquen con el frente de las botas.

  • Las uñas de los pies deben estar cortadas


Hay que cortarse las uñas de los pies antes de una caminata. Para evitar lesiones. Parece una tontería, pero si se dejan largas las uñas de los pies, estas chocarán contra el calzado en bajadas pronunciadas, pudiendo provocar lesiones en los dedos, uñas encarnadas, etc.

En caso de escalada, y por razones obvias, esto se aplica también a las uñas de las manos. En caso de expediciones de larga duración, no hay que olvidarse entonces de llevar por lo menos un cortaúñas o alicate, ya que aunque las uñas de las manos suelen crecer poco si se realizan tareas de campamento básica (manejo de fuego, recogida de leña, cocina, lavado de utensilios de cocina, etc.) las de los pies no corren la misma suerte: aunque se camine mucho, suelen crecer a un ritmo normal.

  • No perder de vista al grupo


Nunca hay que perder de vista al grupo. Sobre todo si se va atrás, nunca hay que perder de vista a la persona inmediatamente anterior a nosotros para evitar extravíos. Esto se aplica tanto a aquellos que pueden quedarse rezagados y respecto del Guía de cola o "segundo" (el último, que cierra la marcha); como a los que quieran adelantarse al Guía de cabeza o "primero" (el que encabeza la marcha, normalmente con más experiencia o conocimiento de esa travesía en concreto), cosa que no puede ni debe hacerse.

Estas medidas deben ser llevada más a rajatabla si cabe en mala visibilidad en caso de niebla o mal tiempo que empeoren las condiciones de visibilidad, o si está excepcionalmente (por imprudencia o necesidad) caminando de noche o con poca luz, natural o artificial.

  • No ausentarse o pararse durante el camino sin avisar


No hay que ausentarse o pararse durante el camino sin avisar, al menos a otra persona del grupo, y preferiblemente a los Guías. Si nos vamos o dejamos el grupo por algún motivo sin avisar, aunque más no sea provisoriamente (para ir al baño) pueden darnos por perdidos, o seguir la marcha olvidándonos atrás.

 Es importantísimo por tanto ser consciente de que no viajamos solos, y si somos responsabilidad de otra/s persona/s, a ella/s debemos comunicarles si vamos a ausentarnos del grupo por lo que sea en el momento que fuere.

Incluso si el grupo no tiene un Guía claro o todos son personas del mismo nivel de experiencia, siempre es conveniente ponerse de acuerdo en caso de que el grupo deba dividirse, teniendo todos los miembros del mismo pleno conocimiento de que eso va a pasar y por qué.

  • No beber alcohol, bebidas estimulantes o tomar otras drogas


Por mucho que "controlemos" cuándo o cuánto nos afecta, lo cierto es que el consumo de alcohol disminuye los reflejos, y por lo tanto hace que haya más riesgo de lesiones por descoordinación a la vez que favorece la hipotermia. Además, podría impedir la ingesta de ciertos medicamentos de ser necesario, por estar contraindicado junto con el consumo de alcohol.

 Por otro lado, varios estudios médicos coinciden en señalar que las bebidas energéticas [1] o estimulantes tipo "Red Bull" pueden tener efectos perjudiciales en el rendimiento físico y los reflejos, por lo que también las desaconsejamos antes y durante cualquier travesía en el medio terrestre (y cualquier otro que implique depender de nuestras capacidades físicas y/o psíquicas).

No hace falta decir que el consumo de cualquier otro tipo de estupefacientes puede ser perjudicial y ajeno al espíritu de una salida a la naturaleza.

Notas:
[1] No nos referimos, por supuesto, a bebidas energéticas isotónicas, sino a bebidas que contengan estimulantes o nutrientes no alimenticios que exciten en alguna medida sistema nervioso. Tampoco hacemos referencia a bebidas estimulantes tradicionales con un efecto probadamente inocuo y beneficioso, como son el té, el mate o el café (tomadas en su justa medida).


  • No caminar de cara a la pendiente


No caminar de cara a la pendiente ni en línea recta. En caso de caminar por terreno inclinado durante una bajada, debe descenderse de costado o de lado, en zig-zag. De esta forma el descenso no sólo será más simple, sino que evitaremos una probable lesión más grave en caso de caída.

Esto es así, en principio, porque esta postura posibilita un mejor control del peso flexionando la pierna del lado de la montaña, y dejando más extendiendo algo más la del lado de la ladera. Adicionalmente, al tropezar o caer accidentalmente, si estamos de costado los efectos serán más suaves que si estamos bajando de frente a la pendiente, ya que en ese caso caeremos de cara, rodando cuenta abajo con pocas posibilidades de frenar (salvo quizás aplicando maniobras de autodetención sobre superficies nevadas ayudados de un piolet).

Si estamos de costado, en cambio, ante una caída el deslizamiento será menor y el golpe menos brusco al impactar sólo por un costado y no de frente. El caminar en zig-zag, además, hace que el descenso sea natural (se camina de frente, surcando diagonales alternativas respecto de la bajada) y más contenido.

Estas mismas recomendaciones se aplican en general también a las subidas. Porque el subir en zig-zag o haciendo diagonales, además de ser más seguro, es menos cansador y por lo tanto eficiente a largo plazo en montañismo y alpinismo.

Sin embargo, si la capacidad física y la habilidad técnica lo permiten, muchos montañistas suelen (en terrenos desprovistos de sendas o caminos, de vegetación que impida el paso y de desnivel medio) trepar o ascender en línea recta hacia su objetivo (ataque directo a la cumbre), ya que si pueden mantener el ritmo, el tiempo de ascenso se reduce considerablemente. Esta excepción no se suele aplicar a las bajadas, ya que por mucho apuro que se tenga en llegar, el bajar en línea recta y de cara a la pendiente puede causar graves accidentes, salvo en caso de existencia de nieve blanda o gravilla fina.

  • No bajar corriendo


Bajar corriendo una pendiente montañosa es un riesgo que sólo debemos correr en caso de extrema urgencia, por ejemplo, si hay que avisar de un accidente grave donde debe atenderse a personas heridas [2], o si tenemos que escapar de un alud o avalancha inminente. Es decir, en casos de fuerza mayor o de vida o muerte.

Bajar corriendo una pendiente cuando la situación no apremia, aunque exista senda o caminos, puede ser en otras circunstancias muy peligroso. Si no hay camino o senda marcada, y es un terreno montañoso accidentado con piedras, rocas, nieve o hielo, es poco menos que un suicidio.

Como siempre, existen otras excepciones, en este caso deportivas. Se trata de los corredores de montaña (cross country, raids, trail running, etc.), disciplina que cada vez cosecha más adeptos. Estos deportistas están acostumbrados a (o entrenan para) correr en terrenos abruptos, con calzado liviano que no protege sus tobillos pero con suela muy adherente. Hay que decir que además de ser verdaderos profesionales que muchas veces arriesgan sus tobillos y demás partes del cuerpo ante eventuales torceduras o caídas, a su vez, van con poco o ningún peso a cuestas, lo que en general los diferencia de un montañista o un senderista. Un montañista o senderista que corre con cierto peso a sus espaldas, tiene más riesgo de perder el equilibrio o lesionarse las articulaciones que alguien que no carga con peso alguno.

Para los que creen que bajar corriendo es divertido...les damos la razón: sí, lo es. La cuestión es ¿estás dispuesto a cambiar un momento de diversión por una pierna, quedarte paralítico o directamente morir en el intento? Está en cada uno tomar esa decisión...pero después no digan que no se los avisamos ;-) Por supuesto, un Guía no se puede permitir bajar corriendo con todo un grupo bajo su responsabilidad.

Una última excepción sobre las bajadas a alta velocidad, la constituyen los descensos por pendientes con poco desnivel (menores al 45%), progresivas y despejadas (que disminuyan terminado en una amplia superficie plana sin obstáculos) y a su vez cubiertas de nieve que se pueden hacer patinando o taloneando. En esos casos, incluso sin tener esquís, se puede bajar deslizándose sentados o, si se domina bien el equilibrio corporal, de pie, patinando. Muchos montañistas usan esta técnica para acelerar descensos de pequeños tramos que, de otra forma, consumirían preciosos minutos durante el retorno. En esos casos, se puede usar un bastón de trekking, de esquí, piolet, piqueta, etc. como freno de circunstancia para (arrastrándolo por la nieve) controlar en alguna medida la velocidad de descenso al tiempo que tener un punto de apoyo adicional.

Notas:
[2] Incluso en caso de tener que avisar de una urgencia médica, los primeros auxilios dejan bien claro que el primer deber es la "autoprotección", porque siempre es mejor una víctima que dos.

  • Tener en cuenta el clima y la previsión meteorológica


El clima hace referencia a las condiciones meteorológicas previsibles para un determinado lugar en una determinada época del año. Las previsiones meteogológicas, en cambio, hablan de "hechos probables" que ocurrirán en las próximas horas o días, independientemente de lo que debería pasar según el clima de esa temporada en esa región.

Así, cuando nos dedicamos a actividades al aire libre, es importante tanto saber lo que normalmente pasa a nivel climatológico en una región determinada en determinada estación del año; como lo que la previsión del tiempo concreta para los días en los que hagamos nuestra actividad.

Lo primero, el conocimiento del clima, nos dará la pauta de qué ropa y equipo llevar de acuerdo a la actividad que realicemos: no será lo mismo (por ejemplo) hacer montañismo en la Araucanía y Patagonia en invierno que hacerlo en verano. Lo segundo, el conocimiento de la meteorología local y la previsión del tiempo, nos ayudará para modificar ese equipo y material estándar que llevaremos, dependiendo de lo que podamos esperarnos más concretamente para las fechas en las que dure la actividad.

Lamentablemente, en expediciones, excursiones, salidas o actividades de media o larga duración, las previsiones del tiempo pueden no abarcar todo el período que necesitamos, y en cualquier caso (pronóstico extendido hasta una semana) pueden variar, siendo mayor la posibilidad de que lo hagan cuanto mayor el período de meteorológico que intentan predecir con antelación. En estos casos, y salvo que tengamos una forma de acceder a los datos meteorológicos actualizados (vía internet móvil o satelital, por ejemplo) tendremos que depender de las observaciones que hagamos sobre el terreno de las distintas variables que indican el clima "a ojo", como son el viento, la presión (si podemos medirla) el tipo y cantidad de nubes, etc. Dependiendo de lo que veamos, decidiremos si continuar con la actividad al aire libre en cuestión o no.

  • Precauciones al cambiar de terreno y desnivel


Cuando cambiamos de terreno (de piedra a nieve, de tierra a piedra o terreno mixto, etc. etc.), muchas veces habrá que cambiar tanto la forma de andar como el equipo o los ajustes en el material que llevemos (botas, bastones, crampones, etc.). Lo mismo ocurrirá cuando pasemos de seguir un camino principalmente plano, a uno con desnivel ascendente o descendente; de uno en subida a uno en bajada o cualquier otra combinación de cambio de condiciones en una ruta o travesía por terreno accidentado.

Así, por ejemplo, cuando pasemos de caminar por la nieve a caminar por la roca, es conveniente sacudirse la nieve de las suelas de las botas, o de los crampones (si los tenemos puestos) para, cuando empecemos a caminar por terreno más duro, evitar patinar o resbalar debido a la nieve (o el agua que se forme al derretirse esta). Lo mismo se aplica a terrenos con barro, hielo o aguanieve.

Cuando empecemos una bajada o un camino donde predominen los desniveles descendentes (tras una ascensión a una montaña, en un recorrido de senderismo, etc.) es recomendable ajustarse mejor las botas, para evitar en la medida de lo posible que nuestros dedos "choquen" contra la puntera, con las consecuentes ampollas o dolor que nos hará más incómoda los descensos. Si usamos bastones de senderismo o trekking telescópicos (sean uno o dos), será el momento para ajustarlos dándole más diámetro que en la subida (así podremos mantener el cuerpo más erguido durante la bajada), y apretando bien las fijaciones para evitar desagradables accidentes.

En cuanto a la forma de marcha, en descensos nunca caminaremos "de cara a la pendiente" (ver una explicación al respecto acá). En terrenos con nieve blanda o grava floja, sin embargo, podremos hacerlo si sabemos caminar clavando los talones antes que las puntas, generando escalones con cada pisada, manteniendo así el cuerpo perpendicular al eje que pasa por nuestro centro de gravedad, es decir, un buen equilibrio.