El horario de los accidentes

Cualquiera puede comprobar que, además de ciertos lugares y situaciones propicias, existen determinadas horas e incluso días en que los accidentes tienen más posibilidades de ocurrir. En el caso de los accidentes de tránsito o tráfico suelen potenciarse los días de lluvia o de mal tiempo, los fines de semana (porque la gente que conduce borracha), cuando se va a muy rápido, etc.

En el caso del esquí, también hay un horario en el que es más posible lesionarse: a última hora de la tarde, y en particular en la última bajada en esquí alpino. Pude comprobar personalmente esto al ver, día tras día, cómo se lesionaba la gente en esta última bajada.

La razones por las que ocurre esto son fáciles de comprender, pero sin embargo la gente no escarmienta:

  • Primera razón: al terminar el día de esquí estamos más cansado por la acumulación de tensiones durante todo el día. Coordinamos peor, y por lo tanto hay mayor posibilidades de que no manejemos el cuerpo como pretendemos.
  • Segunda razón: en la última bajada baja todo el mundo, principiantes y expertos. Esto resulta fatal para los principiantes. No conviene nunca bajar por primera vez la pendiente completa hasta la salida de la estación de esquí a última hora, porque implica hacerlo en la peor de las condiciones posibles. Lo mejor es practicar antes, para ganar en seguridad con menos gente pasando a toda velocidad a nuestro alrededor.
  • Tercera razón: las estaciones de esquí cierran cuando la luz empieza a escasear, por lo que a esta última hora los obstáculos y la nieve se ven diferentes: la luz pega de forma distinta, hay más sombras. Si tenemos poca experiencia, podemos calcular mal las distancias y el tamaño de los objetos y personas, ya que nos guiaremos por parámetros de luz que ya no se dan. También puede que a última hora tengamos la vista cansada de todo el día esquiando.

En montañismo ocurre algo parecido, y estas razones se aplican también. En montañismo hay un factor añadido: al volver se está más "relajado" por haber conseguido "el objetivo" y se piensa que "ya pasó lo peor". Nada más alejado de la realidad: la mayoría de los accidentes se dan a la vuelta, al bajar la montaña.

Principios para la prevención de accidentes: prevención y causas

Podemos resumir ciertos principios que se aplican para poder prevenir accidentes en todos los casos.

 

I - Primero debemos prevenir activamente los accidentes.

II - Segundo, debemos conocer las causas de los accidentes.
Estas, al margen de las particularidades de cada caso, siempre suelen ajustarse a una norma general.

I - Prevención

La prevención, por tanto, es el imprescindible primer paso en salvamento y socorrismo, como así también en cualquier otro ámbito dónde se estime que haya riesgo de accidentes. La prevención de accidentes se basa en los siguientes principios:

1 - Identificar los riesgos existentes.

2 - Controlar los riesgos.

3 - Eliminar los riesgos.

 

1 - Identificar los riesgos existentes

Estos riesgos a su vez pueden clasificarse según diferentes criterios, entre los que podemos destacar:

1.1 - Las características físicas el entorno.

1.2 - Las actividades propias del medio en cuestión.

1.3 - El comportamiento de las personas.

1.4 - El tipo de personas y grupos.

 

1.1 - Las características físicas el entorno

El riesgo puede medirse en función de cual sea el lugar donde se desarrolle la actividad en cuestión, ya sean actividades físicas o deportivas, turismo, trabajo o la vida misma.

En el caso del actividades acuáticas y del socorrismo, por ejemplo, se debe tener en cuenta la profundidad del agua, los desniveles del fondo y su nivel de adherencia, el clima y la temperatura del agua, los animales marinos que la habitan y su peligrosidad, los puntos desde los cuales la vigilancia es imposible (puntos ciegos), las formas de entrar y salir del agua, el número de personas o usuarios que estarán en la zona, etc. Si se trata de una piscina o pileta, hay que prestar atención al estado de las escaleras, peldaños, trampolines, toboganes o cualquier otro "obstáculo" peligroso. En el caso de tratarse de la playa o aguas abiertas en generar, de los bancos de arena, corrientes, pozos, cambios bruscos de profundidad, resaca, mareas y zonas rocosas, como a los dobles fondos y escolleras.

En el caso del montañismo, podemos agregar la cercanía a un puesto de socorro, refugio o la civilización; la velocidad con que suele variar el clima y sus mayor peligrosidad posible de acuerdo a la época del año, las zonas de derrumbes, avalanchas o aludes, etc.


1.2 - Las actividades propias del medio en cuestión

Dependiendo la actividad que se desarrolle (laboral, transporte, turismo, recreación, actividad física o deporte) los riesgos a identificar también pueden variar o afinarse más.

Por ejemplo, en actividades en el medio acuático en piletas o piscinas, habrá que tener en cuenta las entradas en el agua (zambullidas) a base de clavados en las partes con poca profundidad, la realización de apnea o buceo sin material en aguas poco claras (riesgo de choque con otros bañistas o las paredes), los juegos bruscos en los bordes de la piscina, o el uso de material subactuático que implique cierta peligrosidad (como el de aletas de bucear o patas de rana que, en personas no entrenadas, hacen que se acalambres los músculos gemelos de las piernas, con el consiguiente riesgo de ahogamiento). En playa, podemos además considerar la lejanía de la orilla a la que se encuentren los bañistas o nadadores, y las diversas actividades acuáticas que se desarrollen al mismo tiempo, sobre todo si se mezclan actividades náuticas (yating, velerismo, motonáutica, surf y windsurf, kitesurf, etc.) con aquellas que no usan vehículos acuáticos (natación, buceo, snorkeling, etc.). 

 

1.3 - El comportamiento de las personas

Evidentement,e el cómo alguien se comporte puede determinar los riesgos que corra. Dependiendo de la actividad en cuestión, habrá que tipificar ciertos comportamientos que deberán evitarse o prohibirse por su alta peligrosidad.

En actividades acuáticas podemos mencionar: la exposición prolongada al sol o el tomar sol en las horas en que está más alto (riesgo de quemaduras), el meterse al agua tras transpirar por hacer ejercicio o después de comer copiosamente (riesgo de hidrocución), las temeridades varias (saltos mortales, aguantar sin respirar, etc.) o la simple y llana pedantería (riesgo que es propio de toda actividad humana).

En otras actividades terrestres en el medio natural, podemos mencionar el uso de equipo inadecuado, viejo o en malas condiciones, el uso inconsciente del fuego (riesgo de incendios), el no llevar agua o comida, el no llevar mapa o brújula -o no saber usarlos...-, el no contratar un guía local o conocer la zona, etc.

1.4 - El tipo de personas y grupos

El comportamiento de las personas variará dependiendo sobre todo la edad y las características físicas y mentales de los mismos. Por eso hay que tener particular atención a los ciertos grupos de riesgo como son los niños, los adolescentes de actitudes temerarias, los ancianos, los enfermos y los discapacitados. Sin embargo, esta clasificación es arbitraria, y las personas de los más diversos tipos pueden actuar de forma sorprendente según cualquier criterio previo que tengamos.

A su vez, deben considerarse grupos de riesgo, en principio, todos aquellos que no tengan la experiencia necesaria para llevar a cabo una actividad dada. 

 

2 - Controlar los riesgos

El control de riesgos es esencial para la prevención de accidentes, una vez estos fueron identificados de acuerdo a lo que explicamos acá. Si se hace correctamente, el control de riesgos potenciales disminuirá las posibilidades de accidentes. Para ello habrá que tener en cuenta.

- El señalizar los riesgos que existen. A través de material divulgativo, carteles, folletos, banderas o información gráfica, que será clara, visible, sencilla y atractiva para todos los que estén expuestos a dicho riesgo. Esta información preventiva deberá recopilar normas y recomendaciones realistas y/o razonables antes que ser coercitiva o prohibitiva (es decir, dar las razones que la fundamentan, no ser fundamentalistas sin más).

- El comunicar verbalmente los mismos. Teniendo en cuenta que muchas veces la comunicación escrita no será viable o posible. Por ejemplo, cuando un socorrista acuático o guardavidas informa a un usuario que no puede bañarse en determinado lugar por alguna causa; o cuando un guardia forestal avisa de la prohibición de hacer fuego directamente a los excursionistas de una zona de bosque, etc.

- La comunicación por otros medios alternativos. Teniendo en consideración que pudiera haber personas con problemas de audición o capacidad de atención, etc.

3 - Eliminar los riesgos

La eliminación o anulación de los riesgos o peligros existentes identificados y controlados en la medida de lo posible, deberían ser idealmente eliminados en este punto. Sin embargo, esto no siempre se logra.

Por lo tanto, si no se puede anular un riesgo dado (y de hecho, el riesgo siempre existe en alguna medida) debe volverse al paso anterior (control) y señalizarlo lo más claramente posible dicho riesgo, para que pueda ser evitado. 


II - Las causas de los accidentes

Aunque cada accidente tiene sus propias causas, se puede hablar de tres causas fundamentales que son las responsables de que ocurra todo accidente.

Ya sea cuando estamos al volante, cuando trabajamos como personal de seguridad, rescate o socorrismo, cuando estamos realizando deportes acuáticos, deportes de riesgo o cualquier tipo de actividad física al aire libre de tipo recreativa, la posibilidad de accidentes (en mayor o menor medida) siempre existe. Pero las causas, aunque son distintas en cada caso particular, se basan en ciertas cuestiones y actuaciones que se aplican a cualquier tipo de accidentes, y que son las siguientes:

1 - Ignorar o infravalorar el riesgo que implica lo que hacemos o haremos.

2 - La ausencia de recursos de prevención de accidentes e intervención ante los mismos.

3 - La incapacidad para afrontar las dificultades surgidas.


1 - Ignorar o infravalorar el riesgo que implica lo que hacemos o haremos.

Normalmente esta causa de accidentes es consecuencia directa de la ignorancia sobre un tema determinado, asociada con la temeridad que implica el hacer algo peligroso sin saber que es peligroso... Algunos hombres son expertos en esto, sobre todo cuando (por ejemplo) quieren demostrar su "virilidad" frente a otros.

La ignorancia y la infravaloración como causa de accidentes se ve claramente ejemplificada en montañismo. Las personas sin experiencia creen que caminar por la montaña es cómo hacerlo por una calle peatonal...pero al estar esto totalmente alejado de la realidad, lo que hacen es crear las condiciones para la primera de las causas de accidentes: la infravaloración del peligro que corren. Al que va sólo a la montaña, el que va sin el equipo adecuado, el que no lleva un aparato para comunicarse en caso de emergencia, el que no avisa a dónde va, el que no considera las condiciones climatológicas, el peso que se transporta, la altitud, etc., lo que hace es poner en riesgo su vida, muchas veces no conscientemente, sino por ignorancia: porque no conoce o no sabe estimar el riesgo al que se expone.

Un ejemplo concreto en montañismo lo constituye la creencia de que si se subió a alta montaña ya varias veces, y no se sufrió mal de altura o edemas pulmonares o cerebrales, uno ya está "inmunizado" o es "apto" para ascender altas montañas. Esto muestra ignorancia (ya que está probado de que cualquiera, por mucha experiencia en altura que tenga, puede sufrir mal de montaña y edemas) y por lo tanto la infravaloración de un riesgo claro pero no tenido en cuenta o subestimado.

En socorrismo o salvamento acuático, un guardavidas o socorrista puede creer (tontamente) que desarrollar su trabajo en una sola piscina chica es lo mismo que hacerlo en una grande donde tenga que compartir responsabilidades de vigilancia con otros compañeros; o que hacerlo en esta última es lo mismo que hacerlo en la playa, en un lago o en un río. Infravalorar las condiciones en la que actúa de esta forma o de otra cualquier podría desencadenar un accidente.

2 - La ausencia de recursos de prevención de accidentes e intervención ante los mismos.

Aún sabiendo a lo que nos arriesgamos con una actitud determinada o en una circunstancia "x", esto no nos servirá de mucho si no disponemos de los recursos necesarios (sean humanos o materiales) para prevenir los riesgos que nuestra actividad o actitud implica, o para evitarlos; o si (una vez ocurrido el accidente) no tenemos los medios con los que intervenir para poder minimizar sus consecuencias negativas.

Siguiendo con el ejemplo del montañismo como deporte o actividad al aire libre riesgosa, podemos mencionar el hecho de que por mucho que tengamos claro que escalar la pared inestable de una determinada montaña puede implicar la caída de rocas sobre nuestras cabezas, si no llevamos puesto un buen casco de escalada la roca que nos caiga (si no tenemos suerte, o si la tenemos mala) nos causará un accidente. De la misma forma, saber que esa pared debería ser subida con alguien que vaya "de primero" de cordada con la suficiente experiencia, pero al mismo tiempo hacerlo solos porque no conseguimos la ayuda de una persona suficientemente experimentada en escalada, puede ser la causa de otro accidente. Por último, si tras caer un compañero en una grieta mientras cruzamos un glaciar, y aunque sabemos técnicamente como realizar un rescate en un caso como este, no disponemos de (por ejemplo) una soga o una cuerda lo suficientemente larga, el accidente irá seguramente a peor...

En salvamento o socorrismo acuático, por ejemplo, la ausencia de material de rescate (salvavidas, material de primeros auxilios, etc.) puede ser lo que complique un accidente o impida que termine en buen puerto.

3 - La incapacidad para afrontar las dificultades surgidas.

La falta de conocimientos teóricos y (sobre todo) la capacidad para aplicar esta teoría en la práctica, es decir, la falta de conocimientos prácticos (experiencia práctica bajo condiciones reales o lo más cercanas a la realidad) puede implicar el que no se sea capaz de evitar dificultades que podrían (de no hacerse lo correcto) terminar en un accidente.

A veces se trata de pura ignorancia, otra de poseer el carácter adecuado para aplicar los conocimientos que se tienen en situaciones críticas, mientras que en otros casos lo que ocurre es que la experiencia teórico-práctica que se tiene no fue adquirida en situaciones lo suficientemente realistas (simulación o simulacros deficientes), y "en la calle" las cosas no son resultan tan fáciles de manejar como se esperaba.

En montañismo (como en otros deportes extremos) puede darse una incapacidad para actuar tanto a un principiante como a un veterano, nadie está exento. Sin embargo, la experiencia ayuda, ya que el humano basa sus conocimientos en el aprendizaje, y al ir "sobreviviendo" a distintas dificultades surgidas en condiciones reales, va adquiriendo una mayor capacidad para afrontar a dificultades parecidas que surjan en el futuro.

En socorrismo o salvamento acuático, un técnico en emergencias puede estar debidamente titulado y poseer el equipamiento de emergencias adecuado, pero no haber practicado hace tiempo algo como la RCP, y ser superado por las circunstancias y el nerviosismo y, por lo tanto, "auto-impedirse" socorrer a una víctima con parada cardiorrespiratoria.

Hay casos, por supuesto, en que pese a todo lo que hagamos para evitarlos, los accidentes ocurren. De hecho, un accidente por definición es un hecho (trágico o no) fortuito. La suerte que tengamos podrá ser, por lo tanto, una importante causa "totalmente inevitable" de accidentes...o, si es buena, una inesperada solución también inevitable a los mismos...Por eso mismo, de la suerte no se trata aquí, ya que no podemos modificarla a nuestro gusto, es la variable que nunca podremos controlar.

Orientación por sendas, senderos o picadas

Cuando se participa de salidas o actividades al aire libre en las que se busca practicar el senderismo o trekking por rutas conocidas o ya marcadas con anterioridad, es cuando en vez de la brújula, el mapa o el GPS, principalmente vamos a utilizar las sendas, senderos o picadas para guiarnos a través de nuestro recorrido, hasta llegar a nuestro destino final o terminar por completo el circuito elegido.

 Una forma de determinar cuál sendero hay que seguir ante una bifurcación del camino...

Los caminos por llanuras, bosques, selvas, montañas o una combinación de estos escenarios, pueden estar divididos básicamente en dos tipos de sendas o senderos: aquellos marcados por el tránsito de animales o aquellos trazados por el paso del hombre.

Las sendas marcadas por el hombre, ya sea que este se desplace a caballo o a pie, suelen tener algún tipo de marcas ubicadas de vez en cuando, incluso en los casos más precarios en los que disponen de un mantenimiento casi nulo. Estas marcas buscan orientar a aquellos que las transiten sin un conocimiento de la zona o del terreno.

Generalmente se encuentran en lugares claves del camino, o en aquellos sitios que pueden confundir a los caminantes, es decir, donde la senda se pierde por alguna causa, o en los lugares en los que el camino dobla o zigzaguea de forma abrupta debido a la inclinación o las características del terreno.

Sabemos, por ejemplo, que una "buena senda" zigzagueará al encontrar una cuesta pronunciada, ya que esta es la forma menos cansadora de subirla, mientras que rodeará aquellos lugares del camino que estén obstruidos por un obstáculo prominente y difícil o imposible de saltear de otra forma (árboles o rocas caídas, por ejemplo).

Las marcas de las sendas son círculos, rectángulos o flechas que suelen estar pintadas tanto en los árboles que la bordean, como en las piedras. En ambos casos, suelen ubicarse a la altura de los ojos o en un lugar claramente visible desde la pendiente y la dirección que lleva el camino. Idealmente, las mismas se encuentran en ambas direcciones del recorrido, en lugares diferentes a la ida y a la vuelta, pero su ubicación mantendrá el principio de visibilidad antes mencionado. Están hechas con pintura de un color lo más llamativo posible (rojo o colores fosforescentes), aunque en sus versiones más primitivas o improvisadas consisten en una marca hecha con un hacha, piqueta o machete un árbol prominente de la zona (si lo hubiere).

Dichas marcas pueden responder a un estándar previamente fijado por las autoridades locales de las que dependa dicha área natural, del club alpino encargado de la zona por la que transite la senda, de las personas o empresas que administren los refugios de la zona, o simplemente pueden haberse ido realizando por diversos senderistas o montañistas con el paso del tiempo.

Cuando las marcas siguen un estándar regido por las autoridades o por grupo o empresa responsable o adjudicataria del terreno, suelen está pintadas sobre un tabla o chapa que se clava a los árboles en lugares críticos del camino en cuanto a orientación se refiere. En muchos casos, sus colores o combinaciones de rallas y colores determinan la distancia (mayor o menor a una serie de kilómetros) y/o el tipo del recorrido o circuito que señalizan.

En cambio, cuando las marcas son la suma del trabajo desorganizado entre los diferentes grupos, personas o paisanos que recorren o han recorrido la zona (algo frecuente en Sudamérica) las mismas no siguen un patrón definido, pudiendo variar el color, la forma y el tiempo transcurrido desde que fueron hechas, estando por eso algunas más borradas que otras, o incluso marcando caminos que en la actualidad han dejado de ser transitables.

En el caso de que la senda haya sido marcada exclusivamente por el paso de animales, ya sea de ganado o de animales salvajes, la orientación va a depender casi exclusivamente de nuestro conocimiento del terreno, unido al derivado de los mapas y la brújula, y/o el GPS. La senda en ese caso va a cumplir únicamente alguna de sus dos funciones primordiales: facilitar el tránsito por lugares de densa vegetación, o preservar el resto del terreno de la erosión que causa el caminar sobre vegetación virgen.

Pese a la dificultad de orientación que surge al transitar por sendas que han sido marcada únicamente por animales zonas relativamente inexploradas, cuando por alguna causa se ve que la senda se bifurca en más de un camino sin ninguna razón aparente, hay algo que puede ayudar a decidirnos que camino tomar, y ese algo es el nivel de tránsito o erosión del mismo. Es decir, ante dos caminos “iguales” de un recorrido o circuito que termina en la civilización o lugar conocido (léase, refugio, pico, etc.) conviene elegir el más transitado o erosionado, ya que este es el tendrá más posibilidades de ser el camino correcto.

Otra forma de ver si un camino que se bifurca es correcto, es tener en cuenta si asciende o desciende, considerando si el camino debe o no subir o bajar en ese punto (algo que, a veces, hay que decirlo, es imposible de saber).

Además hay que considera que muchas marcas están pensadas para la temporada más asidua de visitantes, que puede ser verano o invierno exclusivamente. Si, por ejemplo, las marcas solo están pensadas para el verano, en invierno pueden fácilmente estar tapadas por la nieve.

Por último, mencionar que algunas marcas están hechas para aquellos que transitan a caballo, y el punto de vista de alguien a pie o en otro tipo de vehículos puede ocultarlas o hacerlas difíciles de ubicar. Esto, obviamente, se aplica también para aquellos que vayan a caballo por picadas pensadas para ir a pie.

Consejos ecológicos para cocinar en casa de forma eficiente

Pequeños consejos que nos permitirá ahorrar con las cocinas a gas y eléctricas, y al mismo tiempo ayudar al cuidado de la ecología.

Fogata en un refugio de supervivencia en la montaña.

  • Está demostrado que para que la llama de una hornalla o fogón de cocina a gas rinda más a igual consumo de gas, hay que hacer que la corona de la llama se centre en el recipiente a calentar, de forma tal que sobren por los costados alrededor del 20% del radio del recipiente. Dicho de otra forma, nunca tenemos que ver sobresalir la llama por los costados, o llegar al borde de las ollas, planchas, etc., sino mantenerla dentro de la circunferencia de la base del recipiente que está sobre la llama.
Aunque así el tiempo de cocción puede ser un poquito más lento, el hecho es que con menos gas se cocinará más, ahorrando energía (y por lo tanto dinero) al tiempo que contaminaremos menos para hacer lo mismo.
  • En el caso de las cocinas eléctricas híbridas, es decir, que tienen tanto lugares para cocinar por inducción como por el calentamiento de una espiral eléctricamente, hay que saber que siempre las hornallas o fogones de inducción son más eficientes, y por lo tanto conviene usar estos antes que los eléctricos. Lo bueno de la inducción es que calienta directamente el recipiente, y no la placa de vitrocerámica para que esta transfiera el calor al recipiente, así es como se logra una mayor eficiencia y un menor consumo.
  • Al hervir el agua, si a esta le agregamos un puñado de sal, esta romperá el hervor antes. Esto es así debido a que el agua salda tiene un punto de ebullición menor a la dulce. Cuando freímos, el aceite de oliva se calienta antes, usándolo también podemos ahorrar energía.
  • Tapar las sartenes, ollas, cacerolas o perolos siempre que sea posible harán que el agua entre hierva o los alimentos se cocinen o frían antes, con ayuda del vapor. Si podemos usar olla a presión para las comidas que tradicionalmente consumen mucho tiempo de cocción en ollas normales (garbanzos, lentejas, etc.) mucho mejor.
  • En todos los casos para rentabilizar la utilización de la cocina, hay que hacer uso del "calor residual". El calor residual es el calor que conservan los recipientes una vez calentados, luego de haber apagado la fuente de calor (sea de cocina eléctrica o a gas de cualquier tipo). Con este calor residual se pueden seguir cocinando los alimentos. Así, si en vez de apagar el fuego cuando lo que estamos cocinando o calentando está a punto, lo hacemos un poco antes, aprovecharemos el calor residual para que se termine la cocción.

Esto es mucho más importante en el caso de cocinar en un horno, ya que el calor residual que se conserva dura mucho más tiempo. De la misma forma, cuando cocinamos a la parrilla, las brasas o las ascuas hasta que se apaguen por sí solas pueden dar el último toque, y hacen que no sea necesario seguir agregando leña al fuego.

  • Picar los ingredientes chicos o en pequeñas partes hacen que se cocinen antes, ya sea hervidos o asados. Si nos da lo mismo para la receta que vamos a cocinar, entonces es mejor picar, molero machacar todo finito.

De la misma forma, las hortalizas siempre se cocinan antes peladas.

  • Piense dos veces antes de usar el horno (sobre todo los hornos eléctricos, que gastan mucho). En particular, lo primero que hay que preguntarse es: ¿puedo cocinar esto mismo sobre la cocina? Si es así, hacerlo fuera del horno siempre será más barato y por lo tanto más rendidor (menos contaminante).

Si de cualquier forma hay que usar el horno como única alternativa, lo segundo que hay que pensar o preguntarse es, ¿qué otra cosa puedo cocinar en el horno al mismo tiempo y/o inmediatamente para aprovechar mejor su calor y el calor residual? Muchas veces podemos adelantar comidas, haciendo dos con la energía con la que inicialmente pensábamos hacer una, hacer el postre inmediatamente después, etc.

  • En verano, desde la cocina el horno sobrecalienta la casa, y probablemente hace que indirectamente se gaste más energía en volver a que esté fresca otra vez (aire acondicionado, ventilador, etc.). Por esa razón siempre es mejor cocinar al horno en invierno, cuando al contrario, aprovechamos su calor para calentar la casa.
  • Capítulo aparte merece el ahorro de agua para cocinar. En resumen, podemos decir que hay que evitar la costumbre de usar más agua que la que se consuma en la propia cocción y que (en caso de tener que un sobrante) usar lo que quede para otras comidas y otros usos. Como norma general, un alimento se cuece más o menos en el doble de volumen (o el doble y medio si lo queremos caldoso) de agua que ocupa. Para ejemplo tenemos las recetas tradicionales de arroz orienta, mexicano, ecuatoriano, etc. Incluso en algunos casos puede usarse la misma cantidad de agua que de alimento, por ejemplo en el caso de la cocción tradicional de couscous (sémola de trigo couscous) donde además la cocción al fuego no pasa de 5 minutos.

Si usted vive en un lugar muy soleado, plantéese seriamente comprar o incluso fabricar una cocina solar y/o un horno solar. Estos aparatos requieren una cierta inversión, como cualquier cosa, pero el ahorro energético y la independencia de la electricidad o el gas para cocinar al aire libre los hacen realmente fabulosos. Por supuesto, a esta autosuficiencia culinaria le tenemos que sumar el favor que le hacemos a la ecología al cocinar solamente usando la luz del sol, su calor, refractado y concentrado por la cocina solar u horno solar.

¡Y buen provecho!.